El voto de los tontos

El sábado, en medio de sus preparativos de viaje, Ollanta Humala citó a los miembros de su bancada parlamentaria para discutir la agenda de los siguientes días. Ahí les hizo mención de la necesidad de no olvidar el asunto de los tránsfugas, agregando un mensaje misterioso: ¿cómo van a defender a un tránsfuga que traiciona a su partido, si no han sabido defender a miembros de su propio partido? Se refería seguramente a la Robacable, el Comeoro y otros personajes de la infrapolítica parlamentaria que lamentablemente eran integrantes del partido de gobierno. Y sobre tránsfugas: ¿de quién se podría estar hablando en la misma semana en que se resolvería la votación sobre el pedido de sanción contra Diez Canseco?

| 17 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 828 Lecturas
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Nótese que la discusión no era sobre si había o no una falta en la conducta del congresista de izquierda en toda esa cuestión de las acciones de inversión para equiparar estos documentos con las acciones comunes en sus derechos políticos canjeándolos por su valor a los precios del mercado y que nunca fue discutida por el Congreso, y las compras hechas por la hija, varios años después de la propuesta del padre.

El tema era el castigo a los que, habiendo sido elegidos con el símbolo de Gana Perú, se habían distanciado en actitud crítica al viraje derechista del gobierno. Poco después Ollanta viajó a Europa.

El jueves en la noche tuvimos la traducción de lo que podía significar el voto anti-tránsfuga en versión del nuevo nacionalismo post elecciones. Una bancada que no se había preocupado en analizar el caso, que probablemente no había leído las posiciones ni a favor ni en contra y que seguramente no hubiera querido votar bajo la batuta del fujimorista Juan Díaz Dios, se escindió en el peor desorden.

Unos no asistieron, otros se abstuvieron (caso extremo el del congresista Tejada que había sustentado por escrito su apoyo a Diez Canseco), otros tuvieron el coraje de votar en contra de la sanción, pero veinte se alinearon con Palacio, monitoreados por la operadora de la Primera Dama, la ministra Ana Jara, que llegó tarde al Congreso y consiguió el voto decisivo para que el fuji-aprismo consiguiera la venganza que buscaba contra su peor enemigo.

Un voto perfectamente tonto. Por desinformado y hostil a la verdad de lo que estaba en juego; por “mariateguista” en el peor sentido del Mariátegui que canaliza sus odios en el diario “Correo” que antes era el peor enemigo de Humala; por traicionero, ya que Diez Canseco se alejó de la bancada por una actitud de principios y no ha hecho una oposición desleal al gobierno; por inútil y contradictorio, porque nada ganan salvo asustar a los propios miembros del oficialismo con lo que les pasará si se salen del rebaño, y porque le hacen el trabajo a sus adversarios con los que están chocando en el tema del indulto.

El rostro compungido de Marisol Espinoza votando contra Javier Diez Canseco, tal vez resumía lo que estaba pasando, ya que se trataba de la presidenta en ejercicio, que hasta pudo quedarse en Palacio sin sentirse obligada a la votación, pero a la que alguien forzó a ir para comprobar su disciplina.

El divorcio Nacionalismo-Izquierda ha sido consumado en la sanción arbitraria a Diez Canseco. De aquí en adelante vienen otros tiempos. Pero primero habrá que ver lo que les pasa a los que no se sometieron a la orden.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista