El viaje investigado

Hace tiempo que el congresista Beingolea debería haber mostrado las pruebas de que durante el famoso viaje de Alexis Humala y sus amigos a Rusia, cuando su hermano Ollanta aún no había jurado como presidente, se cometieron delitos y/o violaciones constitucionales, que sustenten su insistencia en someter el caso a una investigación parlamentaria.

| 17 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Obviamente no existe el delito de viajar, a cualquier parte del mundo, ni siquiera para los parientes cercanos del presidente. Tampoco es delito asistir a invitaciones de autoridades de otro país, siempre y cuando no se asuman representaciones que no corresponden o se participe de compromisos para los que no se tienen atribuciones.

A más de un año, Beingolea tendría que tener una u otra cosa, o la evidencia documental de una falsa representación (no la del trato que da la nación visitada, sino en nombre de qué y de quién se presenta el visitante), o, mejor aún los acuerdos o contratos dolosos que se hicieron en esa oportunidad. Como no hay nada de eso seguimos al nivel de los titulares de prensa y de los comentarios intencionados de la Derecha Bruta y Achorada.

El viaje de Alexis, cuyos vínculos con Rusia son muy anteriores a la victoria de Ollanta, es un ejemplo clásico de cómo se puede manipular la realidad para que quede la idea de que eso fue un intento de tráfico de armas, inversiones y concesiones pesqueras, que si no se consiguieron sería por el escándalo de prensa que se armó, lo que exime de probar que realmente existieron en trámite tales negocios.

Pero la acusación no se queda en Alexis, sino que apunta a Ollanta Humala, quien habría mandado a su hermano en una avanzadilla de corrupción.

Nadie puede olvidar que todo el tema de los “negocios rusos” del hermano del presidente electo se movió coincidente en el tiempo con la gran presión de la derecha por conservar el control de los instrumentos claves del manejo económico (MEF y BCR), y que luego que consiguieron lo que buscaban, apagaron inmediatamente el escandalete que habían montado y se pusieron a aplaudir.

Que Beingolea y otros crean que de esta naranja exprimida, que ya dio todos su jugos, puedan todavía extraerse algunas gotas de figuretismo, revela mucho de la pobreza analítica de nuestros representantes parlamentarios.

Que digan que a uno de los amigos de Alexis le está yendo bien en el ámbito empresarial por algunos contratos de obra pública con algunas municipalidades distritales del interior del país, no demuestra nada, salvo que se encuentre la conexión con Rusia de esos contratos.

En fin, la pregunta siempre será, por qué Ollanta no salió a defender a su hermano y a poner este caso en su verdadera dimensión, en vez de usar la famosa frase de “fue una reclutada”, es decir una inocentada, algo que el aludido por supuesto no podía replicar.

Hace unos días la señora Elena Tasso me decía entre lágrimas que no entendía por qué la firma de Ollanta estaba en la resolución que cambiaba de penal a Antauro confinándolo en el peor de todos estos establecimientos y yo le respondía que no creía que el presidente fuera un hombre malo o que no sintiera por su familia. Me parece más bien un asunto de debilidades frente a las enormes presiones del poder. Y eso también vale para Alexis.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista