El verdadero nacionalista

Con la clara intención de desprestigiar al Partido Nacionalista y presentar a sus Congresistas como el factor que ha hundido al Parlamento en el lodo del aprovechamiento personal, los alanistas y alguna prensa que le es muy amiga, se han dedicado a confundir a la opinión publica haciéndole creer que los pillos y malandrines del Congreso somos nosotros, los Congresistas Nacionalistas.

Por Diario La Primera | 01 oct 2008 |    

Yo rechazo clara y tajantemente esta intención de confundir al pueblo, tratando de mezclar a los traidores con los que mantenemos una coherencia y respeto a la voluntad popular incuestionable. Los escándalos en el Congreso los han ocasionado los mismos que traicionaron al pueblo ya hace más de dos años y que son los que rapidito abandonaron las banderas del Nacionalismo. Los mismos que traicionaron el voto del pueblo. Los mismos que traicionaron a Ollanta Humala. ¿Así, que cuál es la sorpresa? Aprendamos, peruanos, el que traiciona, una vez, traiciona mil. El que traiciona en su casa, a su esposa o a sus hijos, traiciona en la calle a su socio o a su amigo. El que traiciona a su amigo, traiciona al pueblo. La traición no es un acto, es una condición de la persona. No se comete una traición, se es un traidor.

El Nacionalismo, al menos como yo lo sueño, plantea a sus militantes ser mujeres y hombres nuevos. No pedimos riquezas ni reverencias. Tampoco queremos gloria o fama ni que se agiten estandartes a nuestro paso. No nos conmueve el poder ni la lujuria de la ambición. Solo queremos ser mujeres y hombres justos en nuestra conducta, resueltos en la virtud, fuertes e indeclinables en nuestro patriotismo, de ardiente piedad, animosos ante la adversidad que nos espera y acecha con terca constancia. Tenemos que ser de temperamento pacifico, pero no servil; protector de los débiles, prudentes en nuestras decisiones, anhelantes de justicia, moderados y honorables, y entregar todo, hasta la vida, por darle a los más pobres la oportunidad de salir de la miseria.

Ruego a Dios cada día, suplicando para que mantenga a los Nacionalistas a salvo del deshonor y la codicia, la crueldad y la locura. Pido al Todopoderoso para que no evitemos el combate de las ideas, pero que solo entremos a él en nombre de la justicia, y rezo para que los Nacionalistas de verdad no temamos jamás a ningún otro hombre ni a nada más que a aquel o a aquello que pudiera manchar nuestra alma.


    Isaac Mekler

    Isaac Mekler

    Opinión

    Columnista