El siglo veinte no quiere irse

Vivimos en la edad de la ficción mediática, de cortinas de humo que envuelven explosiones populares, que pretenden ocultar la confrontación entre el discurso oficial y la protesta social, que disfrazan el diálogo crispado entre gobernantes y gobernados.

| 05 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 497 Lecturas
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Estamos ingresando a una larga campaña electoral que se hará cada vez más agria, hasta abril del 2011, que traerá un nuevo gobierno elegido por el pueblo, que ojalá supere esta democracia virtual.

La economía del Perú ha crecido de manera constante en los últimos siete años y en democracia está mejor que bajo la dictadura de Fujimori, pero si los indicadores económicos arrancan aplausos internacionales, las cifras sociales arrancan pifias y silbidos nacionales que recorren las calles del Perú.

El 48% de la PEA tiene ocupación inadecuada, trabaja una jornada más larga que las ocho horas de ley y recibe, cuando lo recibe, un salario que sólo le sirve para reproducir la pobreza y recordar el siglo pasado.

Por eso los peruanos han cambiado la resignación por la rebeldía, lo cual es fruto de la constante pérdida de confianza de los que sufren carencias básicas en los que derrochan el poder.

Si a esto agregamos la vertiginosa revolución tecnológica con sus maravillosos descubrimientos que han transformado radicalmente la manera de vivir de los seres humanos, no podemos callar que esta revolución no ha sido capaz de reducir las desigualdades sociales que separan a los ricos de los pobres, a pesar que nunca se ha producido tanta riqueza en nuestro planeta.

Fruto de todo esto vivimos, a la vez, en modernidad con atraso, abundancia con carencias y, fruto de un globalizado desarrollo desigual, hoy los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.

Por eso Sudamérica luce ocho gobiernos de izquierda, de una diversidad espectacular, unos más radicales que otros, con distintos estilos y estrategias, pero todos al lado del cambio, por superar la pobreza que es lo más perverso que heredamos del siglo veinte. Como dice Silvio Rodríguez, ¡Ojalá!


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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista