El señor de los indultos

El aire de familia entre el fujimorismo y el alanismo se ha acentuado en los últimos días. La reciente visita de dirigentes de Alfonso Ugarte al local del Ministerio Público en medio de abucheos de la población que les gritaba corruptos, evocaba fácilmente los años 2000-2001, después de los vladivideos. Pero también traía a colación la escena en la que los hermanos hacen entrega del pedido de indulto para Fujimori, con todo el partido tras el objetivo de sacar al líder de la cárcel.

| 12 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 870 Lecturas
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Del Castillo, Mulder y Velásquez todavía no están en ese trance, pero la organización de la estrella que se estrelló en la revocatoria, ahora está corriendo una carrera dramática para sacar a su jefe y a varios de sus más cercanos colaboradores del hoyo en que se han metido al destaparse la sistemática política de excarcelaciones a favor del narcotráfico, probablemente bien pagadas, que se aplicó en el mismo período en que el gobierno aprista hacía la fiesta de los decretos de urgencia para gastar sin controles, sobre la cual también están encendidos los reflectores de la investigación congresal.

El punto es que en asuntos como los colegios emblemáticos, el Estadio Nacional, el Hospital del Niño o el tren eléctrico, Alan García podía decir pero ahí está la obra y acogerse al espíritu de la doctrina nacional “roba pero hace obra”.

Eso, en cambio, no pasa con las masivas conmutaciones de penas a los narcos y ladrones de alto vuelo. Ahí los argumentos de compasión que usó García cuando quería burlarse de sus críticos y de descongestión de los penales a que recurrió cuando ya estaba más acorralado, son perfectamente huecos porque fue exactamente el mismo presidente que alardeó que la solución a la inseguridad era la pena de muerte e impulsó marchas sobre el tema; y el que retiró beneficios penitenciarios para mucha gente y aumentó penas, como si eso resolviera algún problema.

En realidad, mientras se decía una cosa se hacía otra. Dice ahora la gente asqueada por lo que pasó esos años, que Pastor y Facundo Chinguel trabajaban a todo motor ordenando los pedidos de indulto que sus promotores recogían de las cárceles (entre los cuales hubo hasta un abogado aprista exreo por narcotráfico), y armaban las listas que llegaban al secretario de Palacio, Luis Nava, con el que se hacía la selección final para entregar al presidente.

Ahora además queda claro que la marcha atrás en el caso Crousillat se debió a que el hombre se salió del libreto y fue ampayado por la prensa poniendo en riesgo todo un sistema que ya estaba en marcha.

Sería muy interesante saber cuánto pagaban los de mayor copete entre los beneficiados, si a un narco de medio pelo le cobraban 10 mil dólares por año conmutado. ◘

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista