El semáforo

Cuando mejoraron la avenida, los ingenieros de la municipalidad dijeron que el poste de semáforo de la esquina del barrio debía retirarse y cuando intentaban moverlo del lugar una descarga de electricidad mató a uno de los tres obreros municipales.

| 05 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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Después de que el trabajador murió, el entonces alcalde del distrito, conocido en el barrio por ser un hombre que vivía pendiente de las supersticiones, ordenó que dejaran el poste en el lugar.

El tiempo hizo que el semáforo se convirtiera en un palo negro en el que no podía verse ya ni un pedacito del color amarillo brillante con que fue pintado para la alegría del barrio hacía como cinco años.

Todos los hombres y mujeres del barrio enseñaban a los niños para que no tuvieran la imprudencia de tocar el poste, poniendo como ejemplo el caso de una niña de siete años de edad que se quedó ciega después de que chocara de casualidad el semáforo con su bicicleta.

Cuando el barrio creció y la avenida pasó a ser una arteria vital para la ciudad, la señora Flora, quien conocía todas las desgracias que produjo el poste, se vio obligada a sentarse al lado del semáforo inservible para prevenir del peligro a los transeúntes de otros barrios.

Flora, por su servicio a la comunidad, fue rápidamente identificada como la señora del poste y los vecinos, por su esfuerzo de salvar vidas, empezaron a darle monedas. Entonces la señora mandó a construir una especie de quiosco de periódicos al lado del poste y desde ahí prevenía a la gente a cambio de dinero.

Cierto día, la señora se quedó dormida en el quiosco y un niño de un barrio lejano tocó el poste y murió casi al instante por un extraño ataque al corazón. El nuevo alcalde entonces, menos pegado a las supersticiones que el anterior que prohibió que movieran el semáforo, ordenó arrancarlo del lugar.

Flora fue la única que no estaba de acuerdo con la decisión del nuevo alcalde y quiso impedir que el semáforo se moviera recordando las desgracias que habían pasado.

Antes de que los obreros de la municipalidad empezaran la faena, el sacerdote de la iglesia principal rezó como media hora al lado del poste pidiendo misericordia a Dios, y luego todos los habitantes del barrio se reunieron y empezaron a rezar al ritmo del sacerdote.

Los obreros municipales arrancaron el semáforo del piso con picos y palas y luego de la faena que duró como dos horas, se quedaron dormidos por cuatro horas seguidas, pero luego despertaron sanos y salvos con los rezos de los vecinos.


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