El santo de mi abuelo

Oe. El otro día me fui al “santoyo” de mi abuelo Pancho, o la memoria de una familia chorrillana que se reúne para recordarlo.

Por Diario La Primera | 07 oct 2010 |    

Mis tíos, primas y sobrinos estaban contentos porque era su cumpleaños, en realidad para picar rico el pollo con puré de la tía Nancy. Al entrar por la puerta, y dados los primeros comentarios, sentí un hielo en la buena vibra. En realidad, yo no estaba a favor de la candidata para la alcaldía de Lima del resto, ni ellos con la mía. La diferencia era que yo estaba en clara minoría (7 gatazos contra dos mininos, pero estos últimos de los más educados e informados y rebeldes). Salvo mi tío Hugo, todos estaban por la candidata de Cataño, y mi leidi y “yoni” estábamos por la decencia y la esperanza. Ahí, escuchando sus razones por las cuales no votarían por Susy, entendí los efectos nocivos de los medios de comunicación sobre algunas mentes confundidas, otras decididas en su partidismo pepecista, y las que siguen la cola de los borregos: les habían cambiado y desinformado y distorsionado la verdad y estaba hablando no con mis entrañables tíos, sino con las portadas de algunos diarios que los secuestraron. Ya hablaban con términos de “rojos”, “pituca”, etc. Al final, después de una acalorada discusión política, alturada pero no por eso menos apasionada, la abuela sirvió de árbitro y dijo: ¡Silencio! Callamos y seguimos con otros temas, menos al choque y celebrando el cumpleaños del abuelo ausente, que por eso fue la reunión. En esa junta, frente a esa mayoría de los Laureles, por el parque Fátima, en Chorrillos, comprendí que la campaña del miedo y la confusión cobró, finalmente, millares de mentes. Era el día anterior a las elecciones y se sonríe bajo el cielo salado (esta sentencia después la confirmaré… con los resultados). Las apuestas se hicieron, los vítores y los brindis y cada quien con su candidata por una Lima mejor, y yo tranquilo tomando mi cervecita, con la señorita legal Love, mi gran aliada. Prometí a un tío “lulú” llamarnos al día siguiente en el resultado final, entre risas y cochineos. Jamás sucedió (espera incierta). Comprendo que cada quien piensa como le viene la regalada gana, pero pierde esta libertad cuando es manipulado por la otra prensa.

    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

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