El revendedor monse

Había comprado diez entradas de cien soles cada una con sus ahorros de siete meses con la intención de duplicar su dinero en un solo día. El partido era muy importante y el negocio redondo, pero este revendedor, de apellido extraño, por su falta de experiencia y su falta de dotes de picardía, vio el encuentro de fútbol con entradas en el bolsillo. El día del partido, muy temprano, hizo un cálculo simple: “Faltando pocas horas del partido vendo nueve entradas e ingreso con una y todo arreglado”.

| 25 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 495 Lecturas
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El partido empezaba a las nueve y diez de la noche y el revendedor hasta las cuatro de la tarde solo había revendido una sola entrada ganando cien por ciento del costo del boleto. Lanzó su supuesto secreto: “La entrada cuesta más mientras más cerca está el inicio del partido”. Era verdad, pero lo que no se dio cuenta el revendedor principiante fue que si faltaba muy poco para el partido, es decir, de treinta o veinte minutos, las entradas empezaban a bajar de manera sorprendente. Así a las nueve de la noche, el revendedor tenía en sus manos todavía seis entradas que nadie quería ya ni siquiera a precio de boletería. La lógica era simple. Si el estadio ya está repleto es mejor ir a casa temprano para ver el partido en la comodidad de tu sala. Además a esa hora, los policías cierran todo, despejan a los últimos ambulantes cerca de las puertas y ya casi nadie pasa a ningún lado.

Al final, el revendedor, con su mercadería encima, tuvo que entrar al estadio con cuatro entradas en el bolsillo casi al pitazo inicial. No le interesó después sacar la cuenta si había perdido o ganado con el intrépido y fugaz ingreso al mundo de la reventa.


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