El presidente y su hermano

Tengo en la memoria una conversación con Ollanta Humala en la que me explicaba lo peculiar de la personalidad de su hermano Antauro. Contaba que la familia logró reunir un dinero y comprar un pequeño barco de pesca, para que lo capitanease Alexis.

| 07 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.5k Lecturas
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En una de sus salidas la nave no volvió. Fueron varios días de angustia en los que se esperaba lo peor, pero otro barco encontró al menor de los Humala a la deriva y lo trajo de regreso. Y en medio de la alegría del clan, el ahora líder etnocacerista dijo que a él no le interesaba si Alexis volvía sino si se perdía su inversión.

El cuento servía para enfatizar que Antauro era duro para sacar adelante lo que se proponía. Conversamos esto después que Ollanta pidió discutir un pedido de amnistía que había llegado al Congreso sobre los hechos de Andahuaylas, que los parlamentarios nacionalistas dudaron en apoyar y la mayoría de asesores desestimó porque nada nos unía al etnocacerismo y al extremismo, y más bien había que aprovechar el caso para marcar las diferencias. Evidentemente Ollanta se apreció solo y quiso hacerme recordar que el prisionero era de todos modos su hermano.

Desde ese día sostuve una frase que hasta hace poco era una de las pocas certezas que me quedaban de mi cercanía con el actual presidente del Perú, que Ollanta Humala creía profundamente en la familia y por eso jamás se enfrentaría con su padre por más impertinentes que fueran algunos de sus comentarios, ni le saldría al frente a las provocaciones de Antauro. En julio del año pasado cuando se armó el escándalo Alexis descubrí, sin embargo, que no tenía la fuerza para respaldar al único de sus hermanos que nunca se le separó, y asumir que fueron sus imprecisas instrucciones las que originaron la “reclutada” y la falsa acusación de corrupción que hasta ahora no ha sido bien despejada.

Pero cuando Ollanta ordenó cambiar de penal a Antauro y sacarlo de la condición de “reo de alta peligrosidad” que le habían imputado arbitrariamente al confinarlo en Piedras Gordas, pensé que tendría el coraje para sostener una medida justa y mostrar que se puede tener a la familia fuera del gobierno, pero no olvidar que uno de sus hermanos está preso. Durante un mes, sin embargo, la derecha le negó al presidente el derecho. Lo atacaron interminablemente con una batería de materiales que nadie sabe cómo obtuvieron; que no muestran “indisciplina” sino permisividad del Inpe; que son anteriores al traslado (incluso antes del actual gobierno), pero cuya parte de escándalo fue armada en los medios de comunicación.

Cualquiera podría hacer un montaje similar sobre el millón de cosas que pasan en la DIROES: fiestas con Los Iracundos, reuniones de partido, visitas femeninas que acaban el día siguiente, etc., si dispusiera del material que seguro tienen los carceleros y si los canales estuvieran interesados en transmitirlo. El hecho es que Ollanta no soportó la andanada continua y como ha pasado a cada rato durante este gobierno, viró a presión, dando a entender que “castigaba” a Antauro por portarse mal cuando se estaba portando bien. Es decir lo llevaron de la mano y le dijeron que iban a seguir con eso hasta que no hiciera lo que le reclamaban. Y como él mismo decía del otro, en vez de ver que su sangre y su nombre estaban comprometidos en el incidente, antes que ello pensó en lo que había invertido para ser presidente.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista