El poder del rifle

La única forma de parar a un tipo malo con un arma, es un tipo bueno con un arma

Wayne La Pierre.
Vicepresidente de la Asociación Nacional del Rifle


| 23 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 649 Lecturas
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Un tipo, no sé si malo, pero definitivamente mal de la cabeza, usó las armas que había comprado una mujer que seguramente se consideraba buena y con derecho a defenderse, y que por añadidura era su madre, para matarla mientras dormía con cuatro tiros en la cabeza y para acribillar a veinte niños y siete profesores antes de suicidarse. Todo esto en una pequeña y acomodada villa en los Estados Unidos, donde no había estadísticas del crimen antes de la trágica mañana en que Adam Lanza disparó el fusil automático que robó a su madre.

Una semana les ha tomado a los estadounidenses de distintas tendencias reaccionar a la tragedia y cuando se mira lo que ha pasado se comprueba que ninguna de las posiciones que existían antes de los hechos sangrientos de la escuela Sandy Hook en Connecticut, ha variado y que lo que antes dividía al país lo sigue haciendo casi en los mismos términos. El presidente Obama ha recogido la iniciativa de una senadora demócrata para prohibir la venta libre de armas de guerra, creyendo que esa era la lección de lo ocurrido.

Pero, ahí mismo, los republicanos y la Asociación del Rifle, que son casi la misma cosa, han reaccionado volviendo al argumento de que las armas no crean violencia, sino que la reducen. Aunque parezca increíble, lo que se ha estado discutiendo al pasar los días es sobre una mayor permisividad para ingresar armas a las escuelas para enfrentar futuras masacres. Hombres buenos armados, acaban con hombres malos con armas.

Haciendo un ensayo de afiliación a la Asociación de la que fuera presidente el actor Charlton Heston, el ultraliberal criollo Alfredo Bullard ha hecho una disquisición en la página editorial de El Comercio en la que afirma que si no se quiere que los malos tengan más armas que los buenos, hay que abaratar sus costos de adquisición, lo que supone no solo libertad para obtenerlas y conservarlas, sino capacitación para hacer uso de ellas. Porque, ¿para qué sirve un fusil en poder de un bueno que no sabe usarlo?

En los Estados Unidos hay más 300 millones de armas de fuego en poder de civiles, lo que implica un promedio de una por persona. Y este es el país con mayor número de atentados masivos (62), de los últimos años, que no se explican por razones económicas, políticas o ideológicas. En realidad casi no tienen otra interpretación que la cultura de la violencia que eclosiona cada cierto tiempo. Cierto que la abundancia de armas no crea directamente a los criminales, pero les favorece ampliamente.

Las armas son un mercado cualquiera, como pretende Bullard, que no debe ser interferido por el Estado. La idea de la seguridad como un asunto de la mera esfera personal-individual, solo refleja una relación de dominio entre los que tienen las armas para hacer un Estado dentro de otro y los que están privados de ellas. Es como cuando Israel, con el soporte de los Estados Unidos, sustenta su derecho a defenderse y mantiene una brutal desproporción de armamento con los palestinos y otros vecinos y cada cierto tiempo muestra para qué es que sirve todo eso.

A su manera, la Asociación del Rifle se resiste a desarmarse o bajar su poder de fuego frente al Estado que amenaza su manera de interpretar la vida. Si para conservar eso se requieren otras masacres, para ellos carece de toda relevancia.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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