El petróleo en Venezuela después de Chávez

Hugo Chávez ha muerto y Venezuela se prepara para una sucesión política rápida con elecciones generales en el mes de abril. El debate actual se concentra en si tiene Capriles alguna oportunidad de ganarle a Maduro y si Maduro tiene alguna oportunidad de liderar un chavismo sin Chávez. Pero en el horizonte flotan preguntas de fondo sobre la gestión del petróleo.

| 13 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 947 Lecturas
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Chávez convirtió a Petróleos de Venezuela (PDVSA) en la gran empresa productora y en la encargada de gestionar buena parte de la renta petrolera a través de los programas sociales o Misiones, para mejorar los niveles de alfabetización, educación y salud y seguridad social. Los subsidios internos a los combustibles y los fondos especiales han también mecanismos importantes para este objetivo.

La pobreza ha disminuido en Venezuela, pero la sostenibilidad de esta reducción depende de la continua capacidad del Estado de inyectar recursos petroleros a las Misiones y los subsidios. Además, mientras hay demanda para los productos que abastecen a la economía petrolera o responden al consumo subvencionado por el Estado, la producción nacional languidece pues un Bolívar fuerte (hasta la reciente devaluación) quita competitividad a la producción interna y favorece la importación de manufacturas y alimentos.

Como resultado, Venezuela ha aumentado su tradicional dependencia respecto del petróleo, que ahora representa el 15 al 25% de su PNB, más del 80% de sus exportaciones y cerca del 50% de su presupuesto nacional. Y tiene una de las tres reservas certificadas de petróleo más grandes del mundo, lo que pareciera asegurarle seguir siendo proveedor de petróleo a los Estados Unidos y a China.

En el corto plazo, una administración de Maduro probablemente mantendrá en su lugar las políticas del presidente Chávez, pues necesitará garantizar la lealtad de los sectores populares. Pero el mediano y largo plazo, al menos dos temas críticos tendrán que abordarse.

Primero, la diversificación económica. El nacionalismo petrolero venezolano depende de las exportaciones, pero Estados Unidos está reduciendo sus importaciones de energía y China no asegura seguir creciendo como en la década pasada. Venezuela queda expuesta en el corto y mediano plazo a la volatilidad de la demanda y los precios petroleros.

Segundo, la transparencia y la rendición de cuentas, pues la corrupción desvía recursos públicos hacia intereses privados e ilegales, y socava la legitimidad de cualquier régimen político. No olvidemos que Hugo Chávez y sus políticas nacionalistas fueron el resultado directo de la crisis de legitimidad de los regímenes bipartidistas liberales y privatistas de las décadas anteriores, percibidos popularmente como corruptos y egoístas.


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