El perfecto jefe

Quizás están creyendo que si Fujimori estuviera en la presidencia, hubiera hecho un túnel en Kepashiato mientras enviaba a Cipriani a hablar con Gabriel y hubiera rescatado a los rehenes y acabado con el último senderista, o que haría rebuscar la basura del camarada José hasta pescar donde se esconde.

Por Diario La Primera | 08 oct 2012 |    

Quizás imaginen que el shogún peruano no hubiera puesto en libertad a ningún terrorista, así cumplieran la pena y regresaría a la prisión a los que fueron indultados en anteriores gobiernos, incluido el suyo, y que al Movadef lo hubiera juzgado un juez militar sin rostro y condenado a cadena perpetua por pedir la amnistía.

Tal vez supongan que el chino nos salvaría de los caviares de la Corte Interamericano de Derechos Humanos retirándonos de esa institución de “viejitos”, contra la que hablaba Laura Bozo, les taparía la boca a los caviares de los derechos humanos que persiguen militares, sacaría de la cárcel a miles de generales víctimas de los jueces caviares que por gusto los acusaron de corrupción y otros delitos, y que una investigación del SIN establecería que hubieron reuniones secretas entre Paniagua y Guzmán para impulsar el rebrote del terrorismo.

Quizás les pase por la cabeza que con Fujimori los precios de los alimentos no subirían con solo mirarlos; el Sutep levantaría su huelga sin soluciones al ver que era inútil pelear contra un gobierno duro; Conga iba porque el presidente no habla sino actúa; la primera dama no le da la espalda al presidente porque la encierran; etc.

Quizás sean los que siguen pensando que el hombre fue tocado por la suerte y que por eso fue capaz de dar el único golpe militar de la historia apoyado por las encuestas; capturar a los jefes subversivos y apagar la hiperinflación; lo que empequeñece asuntos menores como La Cantuta, Barrios Altos y otros; la desaparición del dinero de las privatizaciones; el rol de Montesinos; las compras militares fraudulentas; la pérdida de empleo de millones de personas convertidos a cuentapropistas; la trampa del referéndum; la compra de medios de comunicación, congresistas, magistrados y otros; el golpe de Estado y el re-golpe de la rereelección; la fuga al Japón y la renuncia a la presidencia por fax, etc.

¿Qué cómo lo hacía? Qué importa, pero lo hacía. Esa es la respuesta típica del fujimorista de base y del espontáneo que se pasó a Keiko y ahora vota por el indulto. Fujimori es, para ellos, un programa en sí mismo, un jefe, un boss. No importa que detrás de él haya habido varias maquinarias aceitadas para ejercer poder y relegadas por los partidos: fuerzas armadas, tecnocracia, empresarios, que elaboraron las decisiones y se ensamblaron con el presidente y su entorno más cercano, teniendo como articulador a Vladimiro Montesinos.

La idea del tipo nacido para gobernar solo viene del enorme vacío en que se movían los peruanos y los tremendos desacuerdos políticos de la época que Fujimori frenó literalmente a golpes. El mundo de Fujimori ya no existe y sus justificaciones: la inseguridad, el miedo, la pérdida de horizonte, tratan de ser recreadas cada día, pero los que se la comen son cada vez menos. Todo el asunto radica, sin embargo, en entender cómo puede haber tanta gente que razona con el criterio del perfecto jefe, y no ata eso a la realidad del pobre tonto que se regresó desde Japón para aterrizar en Chile, pensando que como Napoleón, el pueblo lo aclamaría.

Si se quiere decirlo así, cómo el estratega infalible falló en los últimos siete años y terminó preso y vilipendiado, enfermo y dando pena. ¿Cómo?

Referencia
El perfecto jefe

    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista