El general Pérez

Todos los habitantes del pueblo hicieron su mayor esfuerzo para limpiar las calles polvorientas, mejorar la placita venida a menos, pintar sus casas antiguas, poner en orden y presentable todo, con el fin de esperar al general Pérez.

| 07 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Todos se vistieron con sus mejores trajes y se pusieron sus mejores zapatos y esperaron impacientes desde las siete de la mañana hasta que, a las cuatro de la tarde, confirmaron que el último ómnibus que venía de la capital no traía al general.

Los niños, curiosos, preguntaron a sus padres qué había pasado y éstos preocupados respondieron que “el general siempre viene el primer miércoles de noviembre de todos los años, pero que es posible que esta vez haya tenido un ligero retraso y llegará mañana jueves”.

Sin embargo, tampoco llegó el jueves y el alcalde reunió a los habitantes en la placita y les dijo “que el general Pérez nunca nos falla porque es de nosotros, que algún percance habrá tenido y que ya llegará mañana viernes”.

El viernes por la tarde, las mujeres del pueblo se juntaron en la puerta de la pequeña capilla y rezaron por la salud del general. Un borrachito fue agarrado a golpes por las mujeres por atreverse a decir que posiblemente el general había muerto.

El sábado, todos los habitantes del pueblo no hicieron otra cosa que esperar y exigieron al alcalde que se comunicara con algún familiar del general en la capital. El alcalde dijo que no había forma de comunicarse con nadie y que es mejor que él viajara a ver qué había sucedido.

Ayer domingo, cuando el alcalde estuvo a punto de viajar a la capital, del tercer ómnibus de la mañana bajó una señorita con lentes oscuros y vestida totalmente de negro que decía ser la nieta del general. Todos los habitantes del pueblo sabían qué significaba esa visita inesperada; entristecidos se acercaron a ella, quien llorando leyó una breve carta de despedida para todos. “Queridos paisanos, Dios no quiso que los viera por última vez; pero me voy pensando en ustedes y en mi tierra. Los seguiré queriendo siempre y ya nos juntaremos arriba al lado de papa Dios. No lloren y ni se entristezcan. Los amigos del general Pérez son valientes”.

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