El pecado de Alexis

Sí que había resultado transparente este Alexis Humala, al punto de sorprender a todo el país reunido con altas autoridades rusas en nombre de su hermano.

| 10 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 894 Lecturas
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Si creyó que esta última condición le daba alguna representatividad metió las cuatro en un solo acto: recordó el tema de la relación directa con empresas transnacionales como forma de “atraer inversiones” que ha sido el método de gobierno de los últimos 20 años; removió la memoria de la actuación de los familiares en recientes gobiernos; quebró la tregua que el presidente electo había logrado con sus adversarios a la espera del momento del anuncio del nuevo premier y su gabinete; entregó la iniciativa a la derecha parlamentaria y mediática; dañó los vínculos con un gobierno que podría ayudar a hacer el balance geopolítico en el que deberá moverse la nueva administración.

En fin, un desastre perfecto. Pero nada que ver con Santiago Fujimori o Víctor Aritomi manejando directa y secretamente bancos mafiosos o conexiones internacionales para obtener beneficios para ellos mismos y la familia del presidente; o Margarita, Pedro y otros hermanitos de Toledo, intermediando compras públicas, contrataciones y otros asuntos de dinero, como representantes informales, a la vez del gobierno de su pariente, y de las empresas interesadas; o Alan Simón García Nores, usando sus apellidos para reclamar derechos sobre proyectos agroindustriales en el norte e intermediar en la gestión de licencias irregulares para la pesca.

La diferencia con el caso de Alexis es que esas intervenciones siempre fueron invisibles para la opinión pública y sólo se supo de ellas a posteriori y por denuncias de terceros. El otro distingo es que los presidentes siempre cubrieron los desarreglos de sus familiares, con el extremo de Toledo protegiendo a su sobrino violador y a su hermana falsificadora de firmas, y Alan García presionando para que los jueces condenen a los periodistas que informaron sobre las tropelías del mayor de sus hijos varones.

Como se sabe, el presidente electo no ha actuado así, lo que debe haber sido muy doloroso tratándose del hermano que le ha sido el más cercano y leal. Gana Perú ha suspendido a Alexis Humala y lo ha desconocido como representante en el exterior.

Con esto lo ha colocado como usurpador de una función que no le correspondía y que tampoco existe. Para que esta falta exista no es necesario que haya buscado algún beneficio de ella, como parece que no lo hizo.

No hubo ningún faenón y la sanción dada ejemplariza para que nadie en el nuevo gobierno se sienta en condiciones de hacer tratos tomándose atribuciones indebidas. Claro que eso no va a calmar a la jauría mediática. Pero el país juzgará estos hecho en otra perspectiva.

Una manera de hacerlo es preguntarse por la vehemencia de la denuncia de Aurelio Pastor, que puede ser capaz de pedir el enjuiciamiento de Alexis Humala por una reunión pública con los rusos, pero le pareció de lo más provechosas y justificadas los encuentros, en la suite de un hotel, del expremier Del Castillo y otros miembros del gobierno, con el empresario mafioso Fortunato Canaán.

O Rospigliosi que fue en nombre de Toledo a pedirles a los yanquis que intervengan en las elecciones peruanas para que no gane Humala, lo que se supo sólo por los Wikipedias cinco años después, pero ahora le parece terrible que el hermano de Ollanta se haya reunido públicamente con funcionarios de otro país. Tanto el uno como el otro parecen querer decir: ya ven, todos somos iguales.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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