El partido del pueblo y el pueblo del partido

En julio de 1932, la policía de seguridad interior de Lima detuvo a tres chicos del colegio Guadalupe. Los acusaban de terroristas por haber gritado “¡Viva el Apra!”. Después de anunciar su captura, liberaron a dos de ellos, pero negaron la existencia del tercero, Romeo Salgado Hurtado.

| 10 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
El partido del pueblo y el pueblo del partido 1906

Como ha seguido sucediendo después, habían decidido “desaparecerlo”. La opinión pública suele cerrar los ojos ante cualquier crimen cometido contra aquellos a quienes el gobierno llama terroristas. A Romeo lo iban a fondear en el mar cuando todavía no había cumplido 17 años. La compasión de un oficial de la marina salvó su vida.

En 1937, los tres hermanos Valqui estaban en El Frontón presos por apristas. Uno de ellos no había salido de la celda debido a un ataque de asma que lo tenía inconsciente. Era justamente el elegido por los guardias del penal para ser asesinado.

Llamaron a los presos a formación. Al pasar por los Valqui, preguntaron:

-¿Quién de ustedes es Augusto?

A sabiendas de lo que le esperaba y para salvar la vida de su hermano enfermo, el mayor de los Valqui levantó el brazo:

-Yo soy.

Lo hicieron desaparecer.

Carlos Manuel Cox se salvó por milagro de la muerte varias veces, pero estuvo preso, padeció persecución y sufrió exilio y pobreza. Intelectual trujillano, miembro del grupo “Norte”, fue el primer secretario general del aprismo.

Partido del Pueblo es el nombre que debió ponerse el aprismo para desafiar la proscripción constitucional que durante años se ejerció en el Perú contra los llamados partidos internacionales.

En el 2013, parece historia pasada el sacrificio de miles de “compañeros” que gritaron “¡Viva el Apra!” frente al paredón de los fusilamientos en Trujillo. Parece historia pasada la cárcel, el exilio y la abominación social que decenas de miles de peruanos sufrieron con una fe admirable en el futuro. Parece historia pasada la brillantez en las ideas y la pobreza inmaculada de Haya de la Torre. Todo simula ser el pretérito.

Muchos apristas creen que la catástrofe actual del partido no es sólo electoral, sino ética. La vanguardia denuncia que la pasada administración fue aprista solo de nombre, pero que abandonó los principios revolucionarios del partido y terminó colocándose en una posición ideológica de extrema derecha, antagónica a la de sus fundadores.

Por eso, acaba de fundarse el Partido del Pueblo. Arrancan ese nombre de la historia un grupo de apristas que aspira a revivir la época en que su partido fue una vanguardia moral. Señalan que Haya de la Torre sólo tiene un antagonista histórico, el señor García, cuya vanidad no admite precursores. Demandan que cesen de utilizar el nombre del aprismo los dirigentes que lo han conducido a la derrota y la miseria moral.

No es casual que los nombres de hoy sean los mismos que los de la época heroica. El secretario general del nuevo Partido del Pueblo se llama Luis Alberto Salgado, un abogado internacionalista experto en derechos humanos, cuyo padre fue Romeo Salgado Hurtado, el joven del colegio Guadalupe que gritó “¡Viva el Apra!”.

El economista Augusto Valqui Malpica, otro de los dirigentes, viene de una familia de héroes. Es nieto de Carlos Malpica Rivarola e hijo de Augusto, el muchacho salvado por su hermano.

El economista Enrique Cox Cassinelli es hijo de Carlos Manuel. Al lado de ellos está Raúl Haya de la Torre, sobrino de Víctor Raúl.

En Piura, La Libertad, Cajamarca, Puno y Cusco, las bases han comenzado a enrolarse en el Partido del Pueblo. En Lima, hacen campaña por él No a la revocatoria. El pretérito se está juntando con el futuro en todo el país.


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Eduardo González Viaña

Crónica

Colaborador

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