El país de la revocatoria

En el país donde un presidente deja el poder y al año se agrega una nueva casa con el dinero que recibe por darle conferencias a las empresas que tuvieron contratos durante su gobierno, mientras paga una mansión alquilada en la zona más cara de Lima a un procesado de la Justicia, y sus seguidores y algunos hombres y mujeres de prensa lo califican de ejemplo de transparencia, no hay cómo sorprenderse que esa misma tropilla ahora nos diga que el gran problema del Perú actual es la “incapacidad” de Villarán.

| 16 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 964 Lecturas
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Es además el mismo país en el que un exalcalde sigue moviendo relaciones fiscales y fichas congresales para no ser comprendido en las investigaciones sobre su gestión al frente de Lima por ocho años, donde hay un montón de cosas oscuras (y no solo Comunicore), y que como es evidente los gerentes y funcionarios que tomaron las decisiones jamás lo hubieran hecho sin asentimiento del tipo que ahora ha lanzado en jauría a sus colaboradores para que defiendan la idea de que “Lima merece más”, porque por ahí hay uno que se cree más que los demás.

La discusión sobre el Sí y el NO, ha sobrepasado aquello de que las obras son más importantes que la honestidad de los gobernantes. Evidentemente García nos quiere convencer que en su caso llenarse de propiedades y dinero es lo más normal del mundo, como en otros es ganar menos del sueldo mínimo y esperar que a su cerro le pongan escaleras.

Y Castañeda a su vez trata de dejar sentado que querer esclarecer de dónde tiene dinero para varias campañas y qué pasó con la Caja de la ciudad de Lima, es poco menos que intentar ponerle la mano a un Cartel colombiano, que se paga con la vida. En fin. Lo que sale claro es que el Sí está pidiéndole a los limeños asumir otras conclusiones:

(a) que el primer intento de poner al frente de una alta responsabilidad de gobierno a través del voto a una mujer, sea declarado fallido, con el cuento de la “incapacidad” o el de los machazos que hacen decir Sí a las damas que antes dicen no;

(b) que los mandatos se cumplen cuando son de derecha, pero cuando está la izquierda es válido terminarlos antes de tiempo;

(c) que las empresas brasileñas y otras son buenas si van del brazo de García y le regalan un Cristo para perennizarlo o si contratan con Castañeda, y malas e injerencistas si siguen trabajando con Villarán.

Son muchas más las mentiras que han penetrado el ambiente político de la ciudad y rebajado el nivel de las confrontaciones. Qué se va a hacer. La pelea entre el Sí y el NO efectivamente se está convirtiendo, como dice una hija mía, en una batalla para salvarnos de un formidable papelón universal.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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