El País y la crisis del periodismo

Nos referimos al diario El País, una de las catedrales del periodismo mundial en español, plural, democrático, con opiniones de primer nivel, fuente obligada de consulta para diferenciar entre comentarios y noticias. Su crisis laboral ha dejado sin trabajo a la tercera parte de sus periodistas y las repercusiones llegan hasta nosotros.

| 27 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 913 Lecturas
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Mientras ellos reaccionan con huelgas, por acá seguimos fieles a la prensa en papel sin escuchar a quienes pregonan la extinción de la profesión periodística. No nos sentimos tocados y nuestro optimismo podría estar fuera de lugar y tornarse irracional cuando vemos que grandes diarios y revistas dejan el papel para optar por el soporte digital.

Los agoreros están sepultando prematuramente al periodismo puro y duro, esencial para la democracia y para la vida en sociedad, que debe sobrevivir manteniendo intacto su espíritu y su independencia de los poderes políticos y económicos y aún de la plataforma tecnológica sobre la cual se desarrolla.

Esto último resulta difícil pues la Internet ha desfasado el modelo de negocio empresarial de medios y también el ejercicio del periodismo desde que la información es hoy ubicua, gratuita y sobre todo inmediata. La periodicidad ha fallecido por el ataque de inmediatez asestado por la Red donde la información se renueva minuto a minuto. Los periódicos ya no tienen razón de ser y la prensa escrita está literalmente jaqueada.

En el Perú podríamos morir de optimismo sin que se produzca un debate serio sobre la doble crisis que aqueja a la prensa. Aunque sepamos que la política del avestruz no impedirá que la crisis llegue. Más aún cuando en otros países se aborda preventivamente el rescate del periodismo de calidad y su renacimiento.

El problema tiene dos caras: un periodismo que va perdiendo credibilidad social y una publicidad que disminuye mermando los ingresos de los grandes medios. Sin lectores ni publicidad no hay nada.

El enemigo no es la tecnología, siempre lo es y lo será el mal periodismo. Recuperar la credibilidad obligará a ejercer el buen periodismo, conectado al interés general, antídoto de la corrupción pública, la tibieza, el conformismo o el aburrimiento social.

El desafío se plantea respecto de la cultura digital multimedia y del periodismo obligado a investigar, a denunciar con pruebas y sin maledicencia, a buscar lo relevante, a hacer interesante lo importante, a difundir comentarios bien informados, a mantener opiniones analíticas, disponer de exclusivas, intentar la cohesión de la sociedad, a ayudar a las sociedades a madurar. El mejor periodismo hace mejores sociedades.

Las empresas de comunicación necesitan recuperar credibilidad ya que trabajan al igual que los bancos y entidades financieras con la confianza del público. Y lo harán de la mano de la ética y de la autocrítica.

La crítica, tan natural en el ámbito periodístico, debería aplicarse a los propios medios. Los ensayos sobre la crisis de la prensa pueblan bibliotecas, virtuales y físicas. Internet está plagada de comentarios sobre la muerte del papel. No es noticia el desencanto de la ciudadanía con los medios tradicionales. Razones para el pesimismo.

Ante ello los editores tienen dos caminos: a) periodismo de bajo costo para captar audiencias masivas con información barata, proveniente de buscadores de noticias o blogueros gratuitos o b) periodismo de calidad. Los primeros derivan al sensacionalismo, la confrontación ideológica y a la polémica interminable. Los segundos deben hacer rentable la calidad apelando a la salud democrática tomando y cancelando algunos modos de trabajar anacrónicos, inútiles o disfuncionales. En ese punto estamos.

Finalmente, me sumo al merecido homenaje tributado a Raúl Wiener, periodista de raza, valiente y consecuente en su defensa de los desfavorecidos, siempre firme en sus principios éticos y políticos.


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