El “obrismo” en la Amazonía

En un reciente ensayo, el notable ensayista y diplomático peruano, Oswaldo de Rivero, vuelve a insistir con razón en su tesis de la inviabilidad de los países primario-exportadores en la economía global y puntualiza que los únicos países que han podido salir del infierno de la pobreza y del subdesarrollo en el siglo XX son Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia.

| 05 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 906 Lecturas
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El autor se pregunta qué hace la diferencia entre los cuatro países asiáticos y los subdesarrollados de África y América Latina. “La diferencia lo hace el cambio cultural, el renacimiento de una nueva cultura donde se ha dado importancia a las ciencias matemáticas, físicas, químicas, biológicas y sobre todo a la investigación científica. Hoy la tecnología derivada de estas ciencias innova las exportaciones de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia, creando cada vez más prosperidad”, se responde De Rivero.

El modelo económico que el presidente García ejecuta en el Perú con la fidelidad de un converso no hace sino consolidar el sistema económico primario-exportador. Su plan anticrisis donde la prioridad es la inversión en infraestructura es un ejemplo de esta obsesión por la obra física. En la Amazonía, con una economía extractiva-mercantil basada en la extracción casi siempre irracional y depredadora de los recursos naturales, los gobiernos regionales compiten en quién gasta más en la llamada “infraestructura social”, en el “obrismo” que es una expresión del cortoplacismo.

No es que las carreteras, las losas deportivas, las postas médicas, los coliseos y los puertos no sean parte de la inversión para el desarrollo. Pero gastar, como lo hacen los gobiernos regionales de la Amazonía, más del 95 por ciento de su presupuesto en obras físicas y sólo un 5 por ciento o menos en mejorar los servicios de educación y salud, en el agro, en ciencia y tecnología para transformar la materia prima y exportarla con valor agregado es reforzar el sistema extractivo-mercantil inviable y terminar de matar “la gallina de los huevos de oro” del capital genético.

Lo que pasa es que el gasto en educación y salud, en ciencia y tecnología es una inversión en el largo plazo, no da réditos electorales y no genera comisiones. En cambio las carreteras, los puentes y los coliseos deportivos se inauguran con la televisión, ganan votos y elecciones y producen jugosas comisiones.

Pero es la forma de seguir construyendo la fábrica de pobres que es el sistema primario-exportador o extractivo-mercantil en la Amazonía.

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