El NO y el Sí

Para explicar por qué el Sí empezó tan alto en las encuestas que resultaba muy fácil para los revocadores asegurar que eran algo así como la representación de un “sentimiento del pueblo” y de paso asumir que esta era una condena por la “incapacidad” de la alcaldesa, habría que recordar lo que sucedió en las otras dos consultas previas en las que también estuvo en juego decidir por el Sí y el NO.

| 27 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
El NO y el Sí 1026

Para explicar por qué el Sí empezó tan alto en las encuestas que resultaba muy fácil para los revocadores asegurar que eran algo así como la representación de un “sentimiento del pueblo” y de paso asumir que esta era una condena por la “incapacidad” de la alcaldesa, habría que recordar lo que sucedió en las otras dos consultas previas en las que también estuvo en juego decidir por el Sí y el NO.

Aunque se mencione poco, en el año 1993 fuimos convocados a decidir si se refrendaba la Constitución de Fujimori votada por el llamado Congreso Constituyente Democrático (CCD) con votos exclusivos del fujimorismo, enfrentado a una oposición variopinta, dentro de la cual figuraban muchos que hoy son fieles defensores de lo que Borea llama el documento de la dictadura.

Esta fue una definición entre Sí y NO, que se resolvió de una manera estrecha y en la que menudearon acusaciones de fraude, con distritos enteros bajo control militar votando 100%. En realidad la disyuntiva de ese año era entre ratificar el plan del gobierno que incluía la reelección, o rechazarlo. Este referéndum, en condiciones de dictadura, mostró que mucha gente había usado la papeleta electoral para expresar una crítica al poder que no tenía cómo manifestarse, independiente de su opinión sobre los detalles constitucionales que muchas veces no se conocían.

En octubre de 2005, el gobierno de Toledo que había iniciado un errático proceso de regionalización, elevando a los departamentos a la condición de regiones con cargo a su posterior integración en entidades más funcionales, convocó a un referéndum sobre el Plan de Regionalización, donde los habitantes de todo el país menos Lima, debían votar si estaban de acuerdo o en contra. Ganó el NO, lo que en realidad era muy mala noticia porque mantenía la falsa regionalización sin poder efectivo que dura hasta hoy, pero que tenía sentido si se trataba otra vez de votar contra el gobierno.

No olvidar al respecto que el APRA votó por el NO, después de haber estado en el trabajo parlamentario por el Plan de Regionalización, y lo hizo por el estricto cálculo de que la población estaba aprovechando la consulta para expresar otros descontentos. Me parece que esta reflexión es pertinente para entender porque abierta la vía para sacar a una autoridad, con sus cosas buenas y malas, mucha gente se propone usar este “derecho” para derrotar a los que mandan.

Puede que hayan bastantes que tienen razones municipales, pero sospecho que una buena parte del Sí, quieren decir que no están contentos en una situación en la que los voceros del poder aseguran que deberían estar felices. Que le haya tocado a la alcaldesa ser enfrentada con este sentimiento no es más que un efecto de la legislación y de la maniobra de un grupo de tramposos profesionales. ◘


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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