El Municipio y la Seguridad Ciudadana

1).- Al ingresar al auditórium de la municipalidad de Castilla, provincia de Piura, para dar una charla sobre el Estado Móvil y la Seguridad Ciudadana, me encontré en la puerta a dos serenos - con uniformes que imitaban a los que usan los comandos del Ejército- que hacían el resguardo al local municipal. Al preguntarles el porqué usaban esos uniformes, me contestaron “para imponer la autoridad, pues”.

| 24 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
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En no pocos sectores de la población, de los de abajo y también de los de arriba, existe la idea que por falta de dureza o firmeza en el empleo de la represión por la PNP es que no se logra controlar y combatir eficientemente a la delincuencia común. Muchos exigen que los policías porten armas más potentes o, en un extremo, que el Ejército salga a las calles para combatir a los delincuentes. Por eso los serenos usaban uniformes de camuflaje, sin darse cuenta que ese tipo de uniformes son utilizados por los soldados para mimetizarse con la naturaleza y no ser descubiertos por el enemigo a quienes buscan emboscar. En cambio, los policías y los serenos son fuerzas que buscan proteger la convivencia pacífica de los pobladores, buscan generar confianza y no temor.

2).- En esa misma charla y en un interesante diálogo con los pobladores y los efectivos policiales de la localidad, se puso en el tapete el tema de la relación entre el municipio, la Policía y la seguridad ciudadana.

Todos estuvimos de acuerdo en que esta relación está definida por un juego de poderes. El comité de seguridad ciudadana distrital, presidido por el alcalde, define la política y prioridades de la lucha contra la delincuencia, y la policía de la localidad se encarga de implementar técnica y profesionalmente estos lineamientos. Hasta acá todo estaba calmado.

¿Cómo se expresa el poder del pueblo en este caso? En relación al gobierno municipal, si el pueblo considera que las autoridades municipales no cumplen lo prometido en materia de seguridad ciudadana, pueden vacarlas o no votar por ellas en las próximas elecciones. Pero ¿qué pasa si el pueblo no está de acuerdo con el desempeño de la policía local? Cunde el escepticismo y la desconfianza respecto del comportamiento policial. Y también, por qué no decirlo, el temor. La situación se torna delicada y el alcalde no puede hacer nada.

Lo que se propuso, y fue aceptado por los asistentes con algarabía, incluido el mayor comisario, fue lo siguiente: hay necesidad de empoderar al pueblo, también, en relación a la policía de las comisarías, pero debe de hacerse vía el municipio ¿Será posible? Sí es posible y necesario. Como se sabe, en el libro de ocurrencias de la comisaría donde se asientan las denuncias y solicitudes de intervención policial también quedan registradas las identidades de los declarantes. Y de esta manera el municipio puede encuestarlos acerca de su conformidad o no respecto del servicio policial demandado. La calificación muy buena, regular o pésima, por ejemplo, debería transmitírsela formalmente a los jefes policiales superiores para que se tomen en cuenta para los ascensos respectivos.

Con toda seguridad los policías de las comisarías pondrían mayor esmero en el cumplimiento de sus funciones y responsabilidades, paulatinamente ganarían la confianza de la población y, por lo tanto, contarían con una mejor información para prevenir los delitos. Y, del otro lado, los pobladores sentirían el servicio policial como suyo, al que habría que protegerlo y emularlo.

Y todo esto sin gastar un solo centavo.

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Carlos Tapia

Opinión

Columnista