El Movadef como pretexto

Una reciente marcha en Lima, convocada por el rector de San Marcos, ha vuelto a despertar en gran parte de los medios de comunicación el miedo a Sendero Luminoso como recurso para consolidar el creciente entendimiento entre el fujimorismo y su coalición con la derecha y las Fuerzas Armadas para hacer todo lo posible por indultar al reo Alberto Fujimori y, al mismo tiempo, tratar de liquidar toda oposición posible de izquierda.

| 02 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
El Movadef como pretexto
SAN MARCOS
1923

Con ese doble propósito se mete en un mismo saco al Movadef y a sectores con un pensamiento de izquierda que nada tiene que ver con Sendero Luminoso. El absurdo castigo al congresista Javier Diez Canseco es un hecho político grave que apunta en la misma dirección. (Expreso aquí mi solidaridad con Javier).

En su mejor momento, allá por 1992, los militantes senderistas enmascarados capaces de salir en marchas por los corredores y pasillos de la ciudad universitaria no fueron más de 200.

Su aparente inmensa fuerza se derrumbó con gran facilidad luego de la prisión de Abimael Guzmán y su alianza con un sector de su partido para renunciar a “su guerra” y buscar desde entonces una “solución política” y una “reconciliación nacional”.

20 años después, un grupo de estudiantes junto con los viejos cuadros públicos quieren reavivar su viejo partido manifestando ser democráticos y, al mismo tiempo, fieles al llamado “Pensamiento Gonzalo”, que me parece una de las tonterías políticas más lamentables en el país. (Sobre este llamado “Pensamiento Gonzalo” remito a mis lectoras y lectores a ver mi artículo publicado en esta columna de La Primera el 25 de febrero de 2012).

Hubo en San Marcos, como en muchas universidades públicas y privadas, militantes senderistas que murieron y fueron encarcelados. Hubo también otros maoístas de diversas variedades que simpatizaron con Sendero, con un discurso verbal aparentemente radical, que se reconocían como “antifascistas”, instalados dentro de la plana docente de la universidad, sin calidad académica seria, pero con votos suficientes para apoyar a autoridades que les asegurasen su continuidad en la universidad y algunos puestos de dirección.

Una parte considerable de los estudiantes presentes en la marcha rechazó abiertamente tanto al Movadef senderista como al rector de San Marcos. Los dirigentes estudiantiles informaron que los dos últimos rectores fueron elegidos con los votos de esos profesores antiguos simpatizantes senderistas, que hoy serían cercanos al Movadef.

Si en su momento de mayor fuerza política los senderistas no fueron nunca una mayoría en San Marcos, me inclino por pensar que sus pretensiones actuales tampoco contarán con un apoyo mayoritario.

Los senderistas llegaron a San Marcos para llevarse estudiantes a su guerra, para conseguir que algunos de sus limitantes o simpatizantes fuesen nombrados profesores o empleados, para servirse de instalaciones como el comedor o la residencia de estudiantes y para usar sus muros como tribunas de comunicación.

No conozco de los senderistas un buen libro, un artículo serio, una propuesta de alternativa universitaria, un proyecto de universidad democrática, y, menos, una práctica de consideración y respeto por el otro, por los que no piensan ni actúan como ellos.

Si me permiten, contaré una pequeña historia personal: en 1971, publiqué mi primer libro “A propósito del carácter predominantemente capitalista de la economía actual”, que fue mi tesis doctoral en San Marcos. Con una larga investigación probé que la tesis de la feudalidad del país sostenida por todos los maoístas y comunistas del país no tenía sentido.

Cuando presenté ese libro en la Universidad de Huamanga, en 1971, los senderistas me atacaron llamándome “trotskista, traidor, pequeño burgués, agente del imperialismo yanqui” y amenazaron con colgarme de la higuera en el patio de la Universidad. Lo mismo pensaban los llamados antifascistas y buena parte de los dirigentes de Patria Roja.

Para ganar a los estudiantes de San Marcos y otras universidades del país hoy no será suficiente apelar a su pobreza y exclusión. Otros son los tiempos y otras las exigencias. La izquierda, en su diversidad de organizaciones y corrientes, ha sido vencida principalmente por nuestras propias debilidades antes que por la fuerza política, intelectual y moral de la derecha.

No veo en la política sanmarquina de hoy un debate de ideas, programas y propuestas innovadoras; la llamada política parece reducirse a un juego de intereses personales y de grupos reducidos con estrategias y tácticas para formar pequeños bloques y alianzas pasajeras que obtienen pequeñas victorias.

Eso de comprar votos de delegados estudiantiles con laptops y de apelar a oscuros y mediocres individuos como “operadores” pagados para obtener los votos que los grupos necesitan para ganar, significa devaluar la política y el concepto mismo de universidad.

Perseguir a profesores y estudiantes con ideas embrionarias para el surgimiento de una nueva izquierda, presentarlos como peligrosos senderistas o mofadistas, es parte de la vieja propuesta fujimorista y su coalición con la derecha y las Fuerzas Armadas.

Si hubiese en el país una derecha inteligente y con un mínimo de conocimiento de la realidad peruana, defendería el derecho que el pueblo peruano tiene a otras opciones políticas. Desde la otra orilla, debemos reclamar nuestro derecho de tener ideas de izquierda, de ser socialistas sin compromiso alguno con el llamado “pensamiento de Gonzalo”.


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”