El ministro que miente y el presidente camaleón

A menos de un año de estrenado este gobierno resulta preocupante lo rápido e intenso de su desgaste. Ciertamente un grueso del apoyo de la derecha sorprendida gratamente por el mantenimiento del modelo, ha amortiguado el impacto de sus varias crisis. Incluyendo el alejamiento de la izquierda nacionalista.

| 21 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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La izquierda y derecha moderadas, las que están de acuerdo con el modelo pero no a todo costo, y menos a costa de transar con la corrupción pasada y presente, acaban de recibir un muy duro golpe de parte del Presidente.

Luego de cuatro días en que su recién nombrado ministro Wilver Calle le mintiera públicamente y a nivel nacional a todo el Perú, negando haber firmado la vergonzante Carta de Sujeción a Montesinos y Fujimori, y pese al detallado registro fílmico de su participación, el Presidente ha salido a respaldarlo con el peor argumento que ha podido esgrimir: olvido y perdón, haciendo tabula rasa del pasado corrupto e indigno.

A la luz de lo recientemente declarado por el Presidente, una nueva lectura de su pasado revela una inquietante hipótesis de trabajo: Que Ollanta Humala buscó siempre un nicho y lo encontró, primero en el Ejército, levantándose en las postrimerías del régimen de Fujimori, cuando ya se derrumbaba. Luego encontró en Chávez un oportuno socio económico que sustentara su campaña. Años más tarde, en el 2009, cuando Chávez perdió peso y prestigio regional, optó por el oportuno acompañamiento brasileño.

Viajó por todo el Perú vendiendo su proyecto nacionalista, ganando un importante apoyo popular que hoy, tras su manejo de Conga, comienza a hacer agua pues muchos se han sentido engañados. Su hermano Antauro y su padre Isaac no son los únicos en sentirse traicionados, gran parte de la izquierda nacionalista lo está también. Y ahora, con la defensa del Acta de Sujeción que acaba de hacer, se marca un nuevo hito en su cada vez más tradicional gobierno, un parteaguas, un punto de quiebre que le costará a futuro más de lo que parece haber calculado y más de lo que parece valer un ministro fusible como Calle.

Por si el Presidente no se ha dado cuenta, su nuevo ministro no ha dejado de mentir desde que se hizo pública su participación en la firma del Acta de Sujeción para tapar los crímenes de lesa humanidad y apoyar el golpe de Estado del corrupto gobierno de Montesinos y Fujimori.

Calle dijo primero que no había firmado Acta alguna. Luego que solo se trató de una llamada de lista. Pese a la contundencia del video de la ceremonia.

Pero su ministro siguió mintiendo. ¿Y cuál ha sido la respuesta del Presidente cuatro días después?: “Hemos hablado con él y ha reconocido su error, y más bien ve en el cargo de ministro del Interior una oportunidad para demostrar al país su potencial”.

La pregunta es: ¿Ha reconocido cuál error? ¿El de mentir a la opinión pública con descaro durante días asegurando que no firmó lo que sí firmó? Porque si el Presidente se refiere a que Calle ha admitido su error de firmar el Acta, estaría reconociendo que nos ha mentido a todos y que eso parece no incomodarle en lo más mínimo.

¿Humala creerá que con un supuesto mea culpa interno, tardío y presionado por las circunstancias, no de motu proprio, es suficiente para aceptar a su “indigno” (parafraseándolo cuando era candidato) ministro? ¿Creerá que se puede pasar tan fácilmente por agua tibia aquello que para muchos significa la diferencia entre la decencia y la deshonra? ¿O será como creen algunos que finalmente el Presidente está mostrando sus verdaderos y camaleónicos colores?

¿Aquellos colores oscuros que llegaron a hacer sospechar a algunos de la fecha de su levantamiento que coincidió con la fuga en velero de Montesinos? ¿Será entonces que esta declaración del Presidente, de apariencia tan al paso y para sortear un problema moral en el que quedó atrapado por sus propias palabras (y las de su esposa), sea el punto de quiebre que abra los ojos a un colectivo más que pasará a las filas de la decepción por traición?

El mejor truco del diablo es hacer creer que no existe, dice una célebre frase. Pero más miedo que el diablo da descubrir que una vez más un político que se promovió como antisistema, anticorrupción, antipolítica-tradicional, empieza a desdibujarse como un político más de aquellos que parecen rendir culto a la famosa frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros”.


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Claudia Cisneros

En voz alta