El Malasuerte

Ever tenía tan mala suerte que cuando se le cruzó un saludable y robusto gato negro una noche de un viernes 13 cualquiera, fue el gato el que murió después de una agonía de seis horas seguidas tras ser atropellado por varios carros.

| 11 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 767 Lecturas
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Los niños se esconden o se meten a sus casas cuando se enteran que Ever está a punto de llegar a la quinta, porque saben que el niño que apenas lo mira a los ojos siempre pierde su propina o jala el curso más fácil del colegio.

Le dicen “El Malasuerte” desde aquella vez que comentó en la panadería que ese local podría quemarse y se incendió justo después que Ever salió del establecimiento. “Ahí viene ‘El Malasuerte’, ahí viene ‘El Malasuerte’, alerta”, murmuran las señoras del barrio cuando lo ven pasar y aconsejan a las que no lo conocen a no juntarse con él para nada.

El metrosexual del barrio, al que jamás le había faltado una mujer linda a su costado, me contó ayer que desde que saludó y le dio la mano a Ever, hace tres meses, ninguna mujer quiere salir con él y todas le dicen: “no jodas, feo”.

Exagerando la cosa, las chicas de la quinta dicen que las flores de los maceteros están marchitas porque Ever las regó un sábado por la tarde, y que si el jardinero ya no quiere aparecerse por la quinta, es porque la última vez que lo hizo se le bajó la llanta de su bicicleta, se le malogró la espátula y se hizo un corte en las manos con las tijeras gigantes. Es que poco antes, Ever lo había saludado mientras arreglaba las flores.

Ever se hace el desentendido cada vez que los niños le gritan “Malasuerte”, “Malasuerte”. Nadie sabe por qué razones vino a la quinta a malograr el ambiente. Algunos dicen que lo botaron de un vecindario de Lince, cuando todas las tuberías de esa quinta se malograron, después que él dijera que esa zona se secaría.

Nadie sabe por qué razones tiene mala suerte y por qué siempre viste de negro. Le han aconsejado que vista de blanco para ver si su suerte cambia; pero no hace caso. Ahí va, con la mirada perdida regando infortunio por donde camina. Cuidado, que puede estar a tu costado.


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