El líder

La experiencia nos ha enseñado que para ser líder no se necesita solo haber llegado a lo alto, a un nivel de dirección para tomar decisiones sobre una empresa, una colectividad, un pueblo, un país, según sea el nivel alcanzado.

| 05 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 941 Lecturas
941

Ejercer ese poder exige tener obligatoriamente nivel político, así como firmeza y habilidad; sabiduría, tino y humildad. Hay que estar alerta para no caer en la soberbia y la arrogancia, estimuladas por el coro complaciente que siempre se forma en torno al líder, para halagarlo hasta hacerlo adicto a la adulación y llevarlo al extremo de negarse a escuchar palabras que no sean elogios ni actitudes que no sean serviles.

El buen líder de ninguna manera acepta las adulaciones de quienes lo combatieron con deslealtad para impedirle llegar a donde está y le exigen que haga más y más méritos para merecer esos halagos.

Busca rodearse de asesores, consejeros capacitados y de convicciones sólidas, que estén en condiciones de decirle sus opiniones en forma abierta, de decirle que está equivocado, de discrepar con el líder y defender con pasión sus puntos de vista, aunque él no los comparta.

Nunca comete el error de encerrarse en un círculo estrecho e impenetrable, que, como ha sucedido invariablemente a lo largo de la historia, termina aislándolo de aquellos a quienes dirige o, peor aún, acaba cercándolo y controlándolo.

El líder jamás cree que lo sabe todo y más que todos y que por eso ha llegado a la cumbre en la que se encuentra. Es realista y humilde y sabe que ha alcanzado esa cima también gracias a la suma de los talentos y empeños de quienes lo acompañaron en el esfuerzo, y entiende con modestia que llegar a su posición ha sido solo el primer paso, que allí comienzan los retos, que hay que prepararse, analizar y estudiarlo todo, para poder ejercer el poder que ha alcanzado.

Sabe trabajar en equipo, porque sabe desarrollar la capacidad de armonizar los aportes de quienes han dedicado sus vidas a sus especialidades, los escucha y saca provecho de sus aportes, con mente abierta.

Un líder mantiene sus convicciones, aun cuando la realidad lo obligue a ser flexible y a buscar consensos y sumar voluntades en un círculo cada vez más amplio. Y toma decisiones, en el momento adecuado, sin dudas extenuantes que pueden hacerle perder autoridad sobre sus dirigidos, sobre todo si ellos están a la expectativa de esas determinaciones.

Un líder, por lo demás, se comunica sin subterfugios ni mentiras piadosas con aquellos que dirige, les hace saber sus proyectos y sus acciones, se las explica para que las asuman, defiendan y lleven adelante, convencidos de que es por el bien de todos.

Es consciente de que hay circunstancias difíciles en las que debe permanecer en su puesto, en las que no debe alejarse de sus dirigidos, porque necesitan su presencia y su conducción para salir de los problemas.

Un buen líder, en fin, reflexiona en torno a estos temas en los momentos complicados, y sabe mantener la entereza y la moral en alto, por más grandes que sean los obstáculos que enfrenta; para poder salir de los escollos y convertir los momentos de crisis en oportunidades de enmendar rumbos, cambiar lo que sea necesario y seguir adelante, manteniendo con firmeza el timón de la nave que le ha tocado conducir.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...