El hombre que no podía irse

Harto de lo mismo, cansado de la rutina, totalmente enojado con su esposa, Vicente Carpio decidió irse de su casa después de meditarlo horas y horas. Aquella noche que llegó a su hogar dispuesto a decirle a su mujer que no pedía nada, que solo quería irse de la casa para evitar las peleas, que a veces llegan agresiones físicas, pasó algo muy extraño.

| 11 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
1853

Vicente había pensado todo el día fuera de casa después de haber peleado con Domitila, quien, en medio de la pelea, le había arañado la mejilla derecha. Vicente meditó todo el día, midiendo las cosas buenas y las cosas malas que le podía pasar con su decisión e inclusive, había adelantado el pago del alquiler de un cuarto; pero cuando volvió a casa ya dispuesto a despedirse, pasó lo que menos esperaba.

Domitila estaba engalanada como una princesa esperando al amor de su vida, con un vestido negro elegantísimo, zapatos de taco alto, y adornada de los collares que él le había regalado los primeros años de su matrimonio. Se había maquillado y peinado con cuidado y cuando Vicente abrió la puerta, ella arreglaba los últimos detalles de una cena romántica.

Vicente no supo qué decir y se sentó a la mesa adornada con delicadeza. Domitila lo invitó a sentarse después de recibirlo con un beso tierno como si no hubiera pasado nada. Le preguntó: -Amor, ¿dónde estuviste todo el día? -En la calle, pensando en el futuro.

-Yo estuve aquí pensando en lo mismo y llegué a la conclusión de que debemos darnos una oportunidad. ¿Tú, en qué pensaste?.

-¿Yo?

-Sí, tú, ¿en qué pensaste?.

En lo mismo. -

-Qué bueno, amor. Te preparé algunas cosas.

Cenaron con sosiego y alegría, y luego bailaron la canción especial luego del vals de la noche de su matrimonio; conversaron hasta la madrugada, se ofrecieron disculpas en varias ocasiones y disfrutaron del amor como en sus mejores tiempos.

Al día siguiente, en el desayuno, sin embargo, empezaron a discutir como fieras en celo, inclusive con mayor agresividad que el día anterior. Ella, desconocida, empezó a golpearlo sin piedad con un zapato luego de que él le mentara la madre. Vicente logró escapar de su casa luego que Domitila agarrara un cuchillo dispuesta a todo. Vicente salió corriendo de casa, caminó largo rato y llegó a la conclusión de que sí estaba dispuesto a irse de la casa conyugal para siempre.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: |


...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com