El hombre nuevo

Desde que dejó una de las calles peligrosas del Callao, Erick Pantoja se alucina un hombre nuevo. De vez en cuando, sin que nadie le pregunte, suelta frases como: “Ya dejé la mala vida, ahora soy otro”.

| 24 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 938 Lecturas
938

En realidad no dejó el Callao para escapar de la mala vida, sino para olvidar a una buena mujer que lo ha rechazado siempre, por estar él todo el tiempo entre pandilleros, entre maleantes y gastar dinero en mujeres malas e inclusive en drogas.

Erick, quien ahora se dedica a enseñar geometría a estudiantes preuniversitarios, de cuando en cuando se hunde en la nostalgia al recordar a Yanira y ahora quiere volver a verla en su ventana con su lazo azul y su mirada de caramelo. Quiere volver a intentar, porque ahora se alucina un hombre nuevo y cree que ya merece el cariño de esa linda muchacha que le robó el corazón cuando apenas tenía quince años de edad.

Erick tiene ahora veinticinco años y se ha dado cuenta de que el amor no correspondido, no consumado, puede durar años de años, y que siempre está golpeado por el dolor y el resentimiento. Sabe también que el amor y la amistad se diferencian en que la amistad mejora con el tiempo y que el amor pierde su encanto con el paso de los días. Quiere verla y decirle que es un hombre nuevo.

Yanira no tuvo la suerte de salir del barrio como él, y aquel día en que Erick dejó la cuadra ella sintió en el alma un gran vacío porque se había ido el chico que ebrio le declaraba su amor en las calles y que los sábados por la noche se cortaba el brazo en su nombre con una botella rota.

Erick siempre quiso volver. Y lo hizo hace unos días con la esperanza de ganarse su amor. Se vistió con lo mejor que tenía, con zapato de cuero con pasadores, casaca abrigadora, pantalón jeans, y una camisa clara de cuello ancho. Todo un señor.

Volvió al barrio y todo seguía igual, con borrachos en la esquina y ladrones a punto de emboscar. Fue a tocar el timbre de la casa de Yanira y abrió la puerta una niña de como cuatro años y luego ella apareció tras la niña con una nena en sus brazos.

Cuando lo miró a Erick, no lo reconoció. Erick sí y sintió un terrible dolor a la altura del pecho y se arrepintió hasta las lágrimas de haber salido del barrio. Pasó meses para que se recuperase. En fin. Hace poco me dijeron que ahora anda bien y que está feliz porque enseñará geometría en una universidad de la selva.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.



...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com