El gueto más grande del mundo

Hay 21 niños entre los cientos de muertos palestinos caídos por la ofensiva de estirpe nazi que el estado de Israel, creado para reivindicar a las víctimas del nazismo, ha decidido perpetrar en contra de Hamas. Veintiún niños muertos y 235 niños heridos. Son los daños colaterales de esto que la prensa internacional llama “guerra”.

| 30 diciembre 2008 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Pero es una “guerra” donde un bando tiene aviones F-16 y F-18, helicópteros Apache, misilística teleguiada, tanques de última generación, satélites rastreadores (aun de noche), interceptación electrónica y, por último, si llega el momento, un arsenal clandestino de bombas atómicas de uranio y de plutonio; una guerra donde el otro bando tiene viejas armas ligeras, cohetes artesanales que han causado una baja israelí en su “última ofensiva”, piedras, hondas, gritos, multitudes, rabias, y mucha carne de cañón, muchos niños que interrumpir con una bomba lanzada por computadora.

Porque de niños interrumpidos y guerras asimétricas está llena la historia de los palestinos, víctimas de un genocidio rapaz y lento que los pretende aniquilar como nación. Un genocidio que el mundo permite porque el lobby sionista lo ha comprado casi todo y porque los sionistas nazis que hoy gobiernan Israel piensan que el Holocausto les da derecho a todo y les otorga, además, un monopolio del martirio que el pueblo palestino no puede atreverse a disputar.

Yo nací el año del nacimiento de Israel. Soy coetáneo de ese Estado que todo el mundo democrático aplaudió y que tanto le debió a personajes entrañables como David Ben Gurión.

Sólo después nos enteramos de que el nacimiento de Israel implicó el despojo de millones de palestinos que, de la noche a la mañana, se vieron sin casa ni futuro y que vivirían su propia y trágica diáspora.

Curioso es que para redimir a una cultura sin territorio –que eso eran los judíos errantes por el mundo- se tuvo que privar de todo a una nación que sí tenía territorio pero a la que se consideró sin derechos.

Que el estado de Israel -prosocialista, democrático y, en muchos sentidos, ejemplar- se haya convertido en esta especie de Gestapo dispuesta a todos los abusos y a todas las infamias, es algo que no se alcanza a comprender si no se entiende, al mismo tiempo, la descomposición del liderazgo occidental –especialmente el de los Estados Unidos-, el ascenso social del fundamentalismo de ambos bandos, las guerras ganadas y la arrogancia que eso trajo, las traiciones entre árabes, las provocaciones suicidas y ante todo retóricas de grupos como Hamas y la indiferencia mundial ante la matanza sistemática del pueblo palestino (recuérdese los sucesos de Sabra y Chatila).

Esa zorra de la diplomacia internacional que se hace llamar Condoleezza Rice dice que Hamas tiene la culpa. Lo mismo dice el sumamente corrupto Mahmud Abbas, el títere que Washington y Tel Aviv mantienen como presidente de la llamada Autoridad Nacional Palestina.

Pero lo cierto es que si Hamas no existiera, Israel ya lo habría inventado.

De hecho, cada vez que las cosas han marchado sin que corriera sangre y en la atmósfera de cierto mutuo reconocimiento, Israel ha hecho todo lo posible para que, en el seno de Hamas, los halcones ahuyenten a las palomas y empiece de nuevo lo que el estado terrorista de Israel llama, sin rubor, “provocaciones terroristas”.

Cuando Hamas ha dado alguna muestra de tolerancia, Israel ha soltado las alarmas. Y, de inmediato, ha reiniciado y hasta redoblado el bloqueo inhumano del más grande gueto de la historia (más grande que el de Varsovia): la franja de Gaza.

Negándole todo al enemigo, arrinconándolo y humillándolo, Israel logró, por enésima vez, que los idiotas cohetes “Katiushka” del extremismo de Hamas cruzaran la frontera y amenazaran a ciertas aldeas. El porcentaje de eficacia de estos artilugios que se arman en garajes y cocinas es, felizmente, menor al 1 por 1000. Imagínense lo que estaría haciendo el ejército israelí en Gaza si ese porcentaje mejorara.

Pero el libreto israelí era esta vez más audaz. Se trataba de demostrarle a la administración Obama, proisraelí hasta decir que la seguridad de Israel “es sacrosanta”, que Israel –por si acaso alguien lo haya pensado- no admitirá recortes en su política de exterminio del pueblo palestino y en su afán de “admitir” un Estado palestino partido en dos, sin retornados y de cuyo diminuto espacio el estado judío se apropiaría, además, del 7,4 por ciento, que se destinaría a los asentamientos ilegales (algo que ni siquiera el podrido Abbas puede aceptar públicamente).

¿Quién se opone a los designios de Israel?

¿Quién puede conducir a los palestinos a una negociación de verdad?

¿Quién puede convocar a una Intifada?

La respuesta es una sola: Hamas, que ha conservado su limpieza, ha ganado elecciones limpias y ha terminado de enterrar a Fatah, la organización militar que creó Arafat y que hoy ha hundido en el lodo el señor Mahmud Abbas.

Se trata, entonces, de asesinar a Hamas –metáfora sólo para gentiles: literalidad para el extremismo sionista-. Y con Hamas habrán de morir quienes puedan estar en su entorno. Y con la política de terror que la ocupación israelí de Gaza va a suponer se cree que el “problema Hamas” quedará resuelto.

Se equivoca Israel. Como se equivocó Hitler cuando aspiró a que la fuerza fuera derecho y el derecho fuera fuerza. Los sueños nazis terminan en pesadillas mundiales.

Israel necesitaba de Hamas para torpedear las negociaciones de paz y frustrar todo intento de ejecutar las hojas de ruta de las que hablaba Clinton. Todo indica que el gobierno de Tel Aviv ha recibido señales de que la administración Obama no apostará por esas negociaciones ni se opondrá a la política de tierra arrasada y cadáveres brotando de edificios humeantes en una Gaza rota.

Pero si esto es así, entonces el próximo objetivo será Irán. Y si Israel –el pueblo elegido- logra sus objetivos en Irán, estaremos asistiendo al nacimiento larvado de la tercera guerra mundial y de un terrorismo –más “ideológico” y “místico” que nunca- que hará que lo de las torres gemelas parezca un juego de play station.

Entonces, el Armagedón estará próximo.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista