El golpismo fujimorista en acción

Hay un inconfundible aroma golpista detrás de los recientes ataques a la Comisión de la Verdad. No se trata ya solo de reescribir la historia para que el orgullo militar pueda negar lo que realmente ocurrió durante la guerra y establecer un hito de impunidad que permita alejar cualquier viso de investigación sobre sus acciones, aun las más controversiales, sino de partidarizar el asunto de la memoria de la guerra.

Por Diario La Primera | 08 setiembre 2012 |  1.1k 
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Aquí solo hubo una agresión ideológica derivada de creencias que comparte toda la izquierda y que derivó en una situación de amenaza sobre el Estado y de zozobra para la sociedad que fue finalmente resuelta por la intervención de las Fuerzas Armadas y la Policía, con algunos excesos que no son comparables con los del terrorismo, y que es lo que nos permite vivir en paz actualmente.

Para lanzar esta tesis basta que PPK se lance al ruedo diciendo que se liberó terroristas, como si se pudiera probar que a alguien se le redujo o se le eliminó la pena por decisión política (sin contar los indultos que se otorgaron a inocentes sentenciados por terrorismo con el bárbaro sistema de procesamiento de los 90 y que se dictaron desde el período final del gobierno de Fujimori), o que se reintegró a la violencia alguno de los que salió libre por condena cumplida o algún beneficio.

O puede ser que sea suficiente que el supuesto nombre del abatido líder del Vrae coincida con alguien que aparece en la lista de los desaparecidos de la década de los 80 (lo que no se puede imputar a la CVR como si ésta pudiera saber del destino final de cada persona).

Y podría seguir la lista, porque lo que quiere el fujimorismo, acompañado del APRA y de la prensa de la DBA, es decirle al alto mando que ellos los están protegiendo cuando se echan a la caza de la Comisión y de los que han convertido en símbolos de la transición del año 2000 que, con todas sus debilidades y traiciones, fue la que creó las condiciones por las cuales hay un número de generales y almirantes encarcelados por corruptos y asesinos, y los propios Fujimori y Montesinos se encuentran tras las rejas.

Si la Comisión Lerner y las normas de corrección del sistema antiterrorista durante los gobiernos de Paniagua y Toledo, son echadas abajo, estaremos ante la reivindicación final del hombre que reclamaba una reelección sobre otra con el argumento de que solo él podía salvarnos del terrorismo y en el camino de regreso hacia unas Fuerzas Armadas que no admiten el juicio de la sociedad civil, contra las que insurgieron los rebeldes de Locumba en el año 2000.

El problema que hay ahora es que el gobierno también compite en ofrecer su propia revisión histórica, más moderada, pero igualmente proyectada a influir en los cuarteles, como se aprecia en el tema de Chavín de Huántar y la iniciativa del negacionismo.

Al primer ministro Jiménez se le veía por eso desencajado cuando quería explicar que el “William” caído en la selva usaba el nombre de un desaparecido de la CVR. Son los dilemas de querer contentar a todos los lados, o si se quiere de venir del campo de los que defendían las conclusiones del Informe del año 2003 y ahora no quieren ser arrinconados por el militarismo que rebrota en el debate político peruano.

Referencia
Propia



    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista

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