El golpe en Honduras

He leído las cosas más increíbles sobre el golpe en Honduras. La mejor, que es un “golpe raro”. ¿No ven que Zelaya fue elegido como moderado y luego se convirtió en amigo de Chávez? Lo que me hace pensar que García se hizo elegir también como moderado (cambio responsable), pero se transfiguró en extremista neoliberal. O sea se puso a la derecha de Lourdes y se convirtió en reedición de Fujimori. Pero, no por eso, alguien reclamó a las Fuerzas Armadas que lo derroquen o que lo saquen en pijama de madrugada.

| 01 julio 2009 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores |732 Lecturas
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Otro argumento es que si Zelaya quería consultar si debía haber en noviembre una consulta acerca de la posibilidad de una Asamblea Constituyente, es que quería reelegirse y ser otro Chávez. Una presunción, pero suficiente para urdir un complot preventivo de los partidos, instituciones y el comando de las FFAA, para tumbarlo e impedir que ocurra lo que les quita el sueño. Es la vieja técnica de los libros blancos, que luego cuentan por qué tuvimos que tomar la dolorosa decisión de dar el golpe. Obviamente lo que se quiere decir, en este punto específico es que en nuestro continente, donde han predominado las oligarquías y los golpistas, imponiendo sus reglas constitucionales, es pecado mortal invocar al pueblo para que decida una nueva Constitución, lo que implica muchas más cosas que una eventual reelección. Queda prohibida la vía electoral para darse una Constitución diferente, por ejemplo, a la que aquí nos impuso un golpe de Estado.

Una tesis más es que el presidente no puede destituir al jefe de las Fuerzas Armadas, aunque haya actuado en abierto desacato. Y que la Corte Suprema hostil a la presidencia puede restituirlo, obviamente para que se termine de cumplir el plan golpista. O sea que eso del “comandante supremo” queda como papel mojado. ¿En qué país podría considerarse esto como una opción legítima, que no sea uno amenazado de chavismo izquierdismo? Igualmente hay quien se asombra que no haya un general sino un civil respaldado por militares, al frente del gobierno. ¿Es esto tan novedoso? ¿No se acuerdan de Fujimori? ¿Cuántas veces los golpistas se han cubierto con disfraces institucionalizadores? Claro, a nadie le gusta la escena del domingo con el secuestro del presidente, pero casi como si fuera un detalle técnico, ya que en la tarde se anunciaba una sucesión supuestamente ordenada. Aquí lo importante sería que Chávez ha amenazado con intervenir en la crisis. O sea habría que preocuparse por la defensa de la nueva democracia hondureña, defenderla de su propio pueblo.

En resumen un golpe bien raro, que se parece demasiado a los que siempre han ocurrido sobre territorio latinoamericano.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista