El gobierno del gran cambio: promesas éticas

Regresó Ollanta Humala de Nueva York trayendo las imágenes de su correcta presentación en la Asamblea de la ONU y ante los inversionistas. Ahora comienza a dar señales de cumplir con sus promesas electorales. De crecimiento con inclusión social en democracia y con participación, y de lucha contra la corrupción flagelo que amenaza el país y la región que requiere de la prioridad presidencial y de los mayores esfuerzos teniendo en cuenta que la lucha ética hizo la diferencia en la justa electoral.

| 01 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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En Brasil, Dilma Rousseff debe su popularidad en gran parte a la inflexibilidad demostrada frente a la corrupción ante denuncias que han involucrado a altas autoridades de su régimen, despidió a su ministro principal, Antonio Palocci, así como a los ministros de Agricultura y de Transporte. En Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela proliferan denuncias que obligan a los gobiernos a actuar en consecuencia.

En el Perú estamos frente a la propuesta de imprescriptibilidad de los delitos de corrupción cuya votación en el pleno será una verdadera “prueba de fuego”. La ciudadanía podrá constatar cuan real es el compromiso anticorrupción de las diferentes bancadas.

Es importante respaldar la lucha parlamentaria contra la corrupción de Javier Diez Canseco, lucha que no tiene nada de ideológica y si mucho de cívica para combatir las “reservas” expresadas por algunos congresistas sobre la iniciativa. Poderosos lobbys buscan bloquearla para proteger intereses de muchos que fungen de dignos funcionarios y no lo son. La práctica de hacer de la función pública puro ventajismo y botín económico para los vivos es una realidad. Es importante tratar al corruptor y al corrupto con similar severidad. Solo los verdaderamente comprometidos con la honestidad apuntalarán el combate contra estos delitos que afectan seriamente al erario nacional.

La imprescriptibilidad de los delitos de corrupción es indispensable, son muchos los que dejan correr el tiempo, con la complicidad de jueces y de medios bien aceitados, y se acogen a la prescripción para luego retornar a la administración pública como si fueran impolutos funcionarios. El pleno dará con su votación una instrucción moral y un mensaje político al país afirmando la guerra contra la corrupción en serio y de manera prioritaria. Que no es un saludo a la bandera como pudo serlo en administraciones anteriores.

Si esta iniciativa pasó exitosamente la valla de la Comisión de Constitución del Congreso mayor obligación moral para el pleno sobre el cual estarán puestos los ojos de la ciudadanía. El dictamen que declara la imprescriptibilidad de los delitos graves de corrupción de funcionarios públicos, que incluye además sanciones para los corruptores, debe ser aprobado por unanimidad. Las objeciones de Fuerza 2011 y de la Alianza por el Gran Cambio, deben ser debatidas y levantadas de forma transparente. Todavía no está en agenda del pleno, esperemos su pronto ingreso.

Las dimensiones económicas, políticas, sociológicas están emparentadas con la confianza y la credibilidad de cuya falta adolecen hoy los políticos. Razón suficiente para hacer de la lucha por la honestidad eje de la política, y no hablamos de una ética en abstracto, sino de una ética incorporada en los objetivos, estructuras y culturas de las organizaciones. Un país ético será bien gestionado y un Congreso ético recuperará la confianza lamentablemente perdida.


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