El gobierno asustado

Impresiona ver que un hecho producido en enero, informado por escrito a sus superiores en forma inmediata, comentado en público (entrevista radial) en el mes de marzo, se convierta en un escándalo en noviembre, como si recién todo el mundo se percatara que teníamos un embajador en Buenos Aires que conversaba tranquilamente con representantes del Movadef y les recibía una carta de protesta que venía firmada por diversas organizaciones argentinas que desaprobaban la decisión del Jurado Nacional de Elecciones (el mismo de la revocatoria) que le negó la legalidad a los que en el Perú aparecen dirigidos por Manuel Fajardo y Alfredo Crespo.

| 05 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 790 Lecturas
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Si fuera el caso que lo hecho por Lynch era tan tremendo como para provocar una crisis de histeria en Lourdes Alcorta y Cuculiza, así como en los líderes apristas y otras variedades del derechismo criollo, y si el presidente Humala o el canciller creyesen efectivamente que ésta había sido la violación máxima de la doctrina de que el Movadef no puede existir aunque vaya creciendo: no puede inscribirse, no puede trabajar, no puede defender su punto de vista y ahora no puede entregar cartas; hubieran pedido que el embajador viajase a Lima hace muchos meses.

Pero lo que ocurrió fue que todos se tomaron el asunto de lo más normal hasta que salió la noticia de que Esquivel y una fracción de las Madres de Mayo tuvieron una entrevista con delegados del Movadef, y un periodista argentino planteó lo obvio: de qué se escandalizan si el embajador peruano hizo lo mismo y lo proclamó en la radio. Entonces estalló el escándalo y a Lynch no le quedó más remedio que entregar una renuncia para ver si ayudaba a bajar la tormenta y a evitar que haya más caídos por este asunto.

El problema es que no va a parar, como no paró la campaña Alexis porque el gobierno le cedió a la derecha tecnocrática el MEF y el BCR, y recrudeció cuando Ollanta menos se lo esperaba. Y no cesó el caso Antauro con el ilegal encierro de la Base Naval, ni hubo menos ataques sobre el gobierno por todas las cabezas de izquierda y progresistas que han sido entregadas desde que se ganó las elecciones. La dinámica que ya se conoce es la de poner al gobierno contra los sentidos comunes de los últimos veinte años y acusarlo de poner en riesgo el crecimiento, la inversión, la estabilidad, por mantener funcionarios izquierdistas. Todo lo cual conduce a respuestas sistemáticamente defensivas y a la cancelación de los espacios cada vez más pequeños que los antiguos aliados y amigos de Humala conservaban en el Estado.

Este gobierno que se asusta porque le descubren que un embajador había escuchado a los que agitaban en la puerta de la legación peruana y los hizo irse tras recibir una carta, y le da la razón a la derecha de que eso es “conciliar con el terrorismo”, está yendo por el peor de los caminos. Por eso contesta a los golpes que recibe en el Vraem con la ley del negacionismo o con otras prohibiciones que no van a tener ninguna incidencia en la pacificación del país, pero sí le van a dar la razón internacional al Movadef de que son perseguidos sin hacer la guerra, y prohibidos de hablar de amnistía cuando el fujimorismo reclama a gritos el indulto del reo de la Diroes, sin que medie ni para uno ni para otro alguna autocrítica sobre su responsabilidad en los crímenes de la guerra interna. Es decir, ninguna coherencia, salvo el miedo a ser sepultado por los titulares.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista