El gas del sur

A fines de marzo de este año el presidente Humala anunció que por fin se iniciaba una transformación en grande, teniendo como escenario el sur del Perú, donde se construiría el Gasoducto Sur Andino que llevaría el gas a Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna, permitiría una importante inversión en industria petroquímica en el puerto de Ilo y otras obras complementarias a lo largo de la extensa ruta que sería recorrida por los tubos del gas.

| 17 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 826 Lecturas
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Para enfatizar su compromiso, el presidente se trasladó a Quillabamba y al campamento de Las Malvinas e hizo el acto simbólico de colocar el primer tubo. Un día antes, la poderosa empresa brasileña Odebrecht había comprado los derechos de Kuntur, que tiene la propiedad del proyecto del gasoducto, lo que se entendía como parte del compromiso del gobierno peruano para realizar el tremendo esfuerzo de inversión en asociación con el capital privado.

Ollanta aseguró que el proyecto que se venía era el más importante de la historia del Perú y el inicio de la industrialización del sur. El discurso presidencial de 28 de julio, sin embargo, enfriaría violentamente este entusiasmo. De pronto el gobierno descartaba el gasoducto que debía atravesar la sierra sur y lo cambiaba por un ducto de etano que saldría de Lima a Ilo, luego de la separación de los gases de Camisea. Un nuevo esquema de alianzas con grupos de interés parecía haber empezado a funcionar, en tanto los proveedores y ejecutores pasaban a ser otros.

En Cusco y otros pueblos sureños el viraje fue tomado como una traición a sus aspiraciones más profundas, lo que desató distintas formas de protesta. Es en esas circunstancias que se lanza a circulación la publicación denominada eeé (Economía y Energía con Ética), cuya razón de ser era hacer girar la polémica contra los críticos de la decisión y marcarlos como agentes de Kuntur-Odebrecht para anularlos. El nuevo proyecto ha vivido no obstante muy poco tiempo, a pesar de la virulencia de los ataques de prensa.

La genialidad del Ministerio de Energía de no desperdiciar el etano que llegaba a Lima y ahorrarse el aporte que el Estado había comprometido para el gasoducto, que eran los argumentos medulares de eeé, se desmoronó a fines de noviembre cuando el ministro Merino quiso recabar de la ley de presupuesto un poder especial para negociar alternativas sobre el gas, que le fue denegada. Pero ahí no quedó la cosa. En diciembre se votó en el Congreso otro proyecto diferente, ahora denominado Gasoducto Sur Peruano, que ya no es el de Kuntur ni el del etano, y que será pagado con impuestos y se extenderá solo hasta Cusco-Anta, quedando pendientes su ampliación hacia la costa, que sería suplida por envío en camiones.

Lo principal aquí es la tremenda improvisación y maniobreo que se percibe en un asunto tan delicado, al grado de que nadie sabe cuánto es el gas que se dispone, qué pasará con las empresas operadoras (¿se irá Petrobras) y cuál será la distribución del producto. Pero mientras hay tanta confusión que mañana podría haber otro proyecto, hay un pelotón de aniquilamiento periodístico actuando para imponer el punto de vista del ministerio. Muchos sospechan que lo que está pasando es que se están haciendo cábalas para que los interesados hagan ofertas que luego se disfrazan de “muy técnicas”, cuando lo que cuenta es lo que ofrecen. La nueva prensa chicha ha sido concebida para esta operación.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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