El fin de la huelga en La Convención

En nuestra nota sobre “La nueva modalidad de los conflictos sociales”, publicada en el suplemento “Línea” del último domingo, decíamos que en la plantilla que sigue el gobierno para las luchas sociales, había un momento en que ordenaba la represión acompañada de declaraciones de rechazo al diálogo si quienes protestan no se rinden previamente, maniobras parlamentarias y acusaciones de alto calibre contra los dirigentes: chavistas, humalistas, patria roja, terroristas, senderistas, etc.

Por Diario La Primera | 11 ago 2010 |    

En resumen, nada que ofrecer, la lucha la hacen los desinformados, el gobierno está haciendo no sólo lo correcto sino que no puede hacer nada diferente, y los dirigentes que mueven a las masas son simples electoreros. Pero de inmediato, en el acto siguiente, el gobierno pasaba a dialogar donde no había nada que tratar, sentando alrededor de la mesa a sus más altas autoridades con los dirigentes vilipendiados y en el primer acuerdo se ordenaba cesar la represión, levantar la emergencia y liberar a los presos.

Y los puntos sobre los que no podía haber modificaciones ni concesiones, empezaban a modificarse y concederse. Tal vez no como se exigía, sino con fórmulas plagadas de contradicciones y en comisiones de resultados inciertos. Pero lo que es evidente es que el gobierno no quería terminar firmando en La Convención que cambiaría la ruta del ducto para viabilizar el reclamo nativo de proteger el santuario Megantoni, cuando toda la política de estas obras no aceptó consideraciones ecológicas, económicas o culturales que pudieran discutirse; o que se tomaría en serio el concepto de una planta de fraccionamiento en la provincia que hace unos días se calificaba como un elefante blanco (a lo que se añade la rebaja inmediata del precio del balón de GLP en la zona); o que se pactaría no exportar el lote 88, donde se jugaba con la idea de que no se exportaría en cinco años (mientras se hacía reserva de la tercera parte de sus depósitos para ser usados al comenzar el sexto año).

Es decir que se empezó a voltear la torta. Y por cierto la gente ha terminado convencida que logró avanzar porque se puso fuerte, lo que garantiza que vigilará el cumplimiento de los acuerdos con la misma energía que ha puesto en juego. La pregunta es: ¿y por qué tanta voltereta del gobierno?, ¿no podía haber seguido un camino menos desgastante, tomando en serio desde un principio la protesta y trabajando para encontrar puntos de entendimiento?, ¿por qué polarizar para luego retroceder? Hay una razón de fondo. Un gobierno como el actual necesita mostrarse intransigente en la defensa de la posición de las grandes empresas.

Sólo así pueden creerle que va a defender la exportación, los precios libres, los impuestos privilegiados. Y sabe que sólo puede girar hacia algún compromiso luego de haber demostrado que por la vía inicial el problema crece hasta convertirse en una amenaza. No hay aquí ningún intento de convencer a las empresas de que a lo que pactaron con el Estado se le puede hacer atingencias para incorporar el punto de vista de las regiones y de la opinión nacional. Entonces desde un comienzo el gobierno apuesta a su derrota. Imaginando que se haga el milagro de que la gente abandone la lucha porque se alarga, o que se asusten en el momento en que empiezan a mover el sable.

Como nada de eso da resultado, levantan la bandera blanca y el premier viaja a La Convención a rendirse de la mejor forma. Hasta la próxima movilización.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista