El fin de la histeria

¿Qué es lo que quieren los ñaños y las ñañas creyentes de que el terrorismo y la rebelión legítima son sinónimos?

| 24 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 937 Lecturas
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Yo sé, más o menos, qué es lo que quieren:

Quieren que el miedo cunda, que la policía decida, que la prensa acompañe, que la derecha no tenga contratiempos, que los jueces empapelen, que los puertos se vendan, que la DEA señale, que Gonzalo Prialé pontifique sin réplica donde Althaus, que la izquierda salga con bandera blanca y manos en la nuca (como en La Moneda).

Están convencidos de que la derrota del comunismo debió traer consigo el fin de la historia y el finiquito del debate. Traducido al lenguaje de la comisaría de Monserrate, que es el que mejor manejan: qué bien que Melissa Patiño haya sido pescada en pleno aquelarre subversivo. ¡Bien hecho!

Y esto lo dice alguien que creció profesionalmente en el nido de Gustavo Mohme Seminario y que hoy desfigura y cagarrutea el periódico que el ilustre difunto creó para limpiar la atmósfera de Lima. Ese alguien se cree reencarnación chicana de Joseph McCarthy pero lo que hace y cómo lo hace lo sitúa, más bien, como nietecito de Eudocio Ravines. Nada más. Y lo grita en la TV una versión menos afortunada de la escalada social de Saby Kamalich haciendo de María en la famosa telenovela. Esta señora, flamante comisaria del pensamiento correcto según los editoriales de “Gisela”, dice que “La Primera” está al servicio de Chávez y la subversión y jura que a la policía sólo le interesa la investigación seria y el Estado de Derecho. Y, claro, lo que demanda es que a “La Primera” le caiga la policía supuestamente calumniada. Y está segura de que en esta campaña no está sola, lo que es verdad aunque de algunas compañías uno no pueda jactarse en público.

Pero detrás de aquél o de ésta están los organizadores de una nueva intolerancia de derechas. Y a esa gente, no a sus vociferantes correveidiles, habrá que enfrentarse.

En el Perú se nos quiere hacer creer que las grandes discusiones sobre horizontes y rumbos se han terminado. Al contrario: es que han vuelto. Y ahora vienen alentadas por el descrédito del modelo ortodoxo liberal en gran parte del mundo. ¿O es que nadie ha leído a Stiglitz o a Koenig alertándonos sobre cómo terminan las políticas que el doctor García y el para Uribe aplican con método en Perú y Colombia?

Es más: las grandes discusiones vienen ahora alentadas por multitudes paraguayas que rugen y que se suman a uruguayos y a venezolanos, a bolivianos y a ecuatorianos, que lo que quieren es un común acuerdo que impida el regreso de las repúblicas bananas y los presidentes mosqueados. Esa es la batalla regional que se está librando: a ver si Latinoamérica vuelve a ser el trastero tranquilo de los que matan países o a ver si Latinoamérica se permite una segunda y pacifista independencia.

Nadie quiere aquí guerra ni secuestros ni violencias crónicas como algunas toses. Pero también se batalla para no ser esclavos del viejo amo yanqui que mató a dos millones de vietnamitas y creó, con su locura homicida, al monstruo camboyano de Pol Pot, padre de Abimael (por eso es justo decir que Sendero le debe más de lo que cree a los Estados Unidos). Nuestros mejores mayores nos soñaron libres de tutelas. Recordémoslos cada vez que la canalla en coro nos propone ser la segunda voz de la embajada norteamericana.

El terrorismo es condenable. La rebelión es legítima cuando las injusticias pretenden perpetuarse. Las palabras rebelión, rebeldía, disentimiento, lucha, oposición, temple y coraje no han sido extirpadas del idioma.

Si un joven no pensara en un mundo renovado, si una joven no abrigara alguna utopía solidaria, si las nuevas generaciones no quisieran remover esta escombrera e impedir este suicidio planetario, sería un asunto de llorar. La rebeldía de los jóvenes nos salva del sarcófago.

Náusea produce que, en la batalla de las ideas, la derecha que gobernó este país ciento cincuenta años pretenda ser señorita casadera y prenda mía. Y da grima ver cómo parte de la izquierda que Mohme cobijó se pasa al pliego de la Usaid.

Mientras tanto, la policía provee: entrega cartas antiguas sacadas de contexto al diario “El Comercio”, grabaciones con olor a canela a su ventana indiscreta, filtraciones distractivas a la comparsita.

Y al mismo tiempo, la laptop intacta del cuatro veces bombardeado Raúl Reyes sigue excretando nombres, cartas que sólo un idiota podría haber escrito, admisiones que sólo al DAS y a la CIA se les puede ocurrir, memos sanguinarios que parecen venir de Aracataca, inventarios de armas traficadas para hacer con ellos suculentos titulares estilo gusanera de Miami. Ah, y por supuesto: la laptop de Reyes también dice que todos los que visitaron Quito invitados por la Coordinadora Bolivariana son (o serán) de las FARC. ¡Esa laptop es for all purpose! ¡Adelante, bravos periodistas de investigación! ¡Grandes batallas os esperan!

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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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