¿El fin de la guerra mundial contra las drogas?

El colapso de la economía global y la agonía del capitalismo tendrá sin duda hondas repercusiones en la llamada “guerra mundial contra las drogas”, una de las guerras más largas de los tiempos modernos iniciada en el año 1969 por Estados Unidos durante el gobierno del presidente Richard Nixon.

Por Diario La Primera | 06 oct 2008 |    

Esa guerra, como todo el mundo sabe, es una guerra perdida desde el mismo día en que estalló. Casi cuatro décadas después, ninguno de los objetivos de esa guerra se han alcanzado: ni la oferta ni la demanda de drogas han sido erradicadas y ni siquiera han disminuido.

Una de las fallas de fábrica de esa guerra ha sido su enfoque y diseño militarista. Soberbio, prepotente, mesiánico, Estados Unidos ha pretendido resolver la producción y el consumo de drogas con las armas. La misma lógica intervencionista geopolítica y estratégica que ha usado para invadir Irak y Afganistán ha usado para el combate de las drogas.

Ha usado y sigue usando las armas para combatir un problema cuyas causas estructurales son de orden económico, social y cultural. El fracaso de esa estrategia militarista lo padecen las naciones y está a la vista de todo el mundo: medio centenar de muertos sólo en una semana en Tijuana, México, ocupada por el Ejército; más de tres millones de personas desplazadas y centenares de líderes sociales asesinados en Colombia y ahora una decena de desaparecidos en el Valle del Río Apurímac-Ene en nuestro país porque las fuerzas del orden, siguiendo el catecismo antidrogas estadounidense, meten en un mismo saco a campesinos productores de hoja de coca con narcotraficantes y senderistas.

Esta estrategia militarista, que se ha revelado ineficaz para contener la oferta y la demanda, ha sido y sigue siendo exitosa en términos geopolíticos, porque bajo el argumento de la lucha contra las drogas Estados Unidos tiene la puerta abierta para intervenir allí donde focaliza sus intereses: Afganistán y Colombia son un ejemplo de esa instrumentalización de la “guerra contra las drogas”.

Pero la crisis primero del Consenso de Washington y ahora la debacle de la economía liberal coloca al Consenso de Viena, es decir a todo el armazón jurídico es institucional de la “guerra contra las drogas”, al borde del desastre final.

Colapsado el Consenso de Viena, es necesaria que una inevitable inflexión ponga fin a la guerra mundial más larga, más torpe, costosa e inútil de los siglos XX y XXI.


    Róger Rumrrill

    Róger Rumrrill

    En el ojo de la tormenta