El fin de la guerra del centavo. Parte 2

Continuando con las experiencias vividas en Colombia en el año 2007, y con la decisión política que tiene nuestra alcaldesa Susana Villarán, quien ha manifestado que el actual sistema que tenemos ya fue y con la normatividad promulgada recientemente con el fin de cambiar nuestro sistema, es muy posible que el próximo año Lima se convertirá en un ciudad parecida a Bogotá.

| 11 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.2k Lecturas
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“Una de las metas fundamentales era, y es, pasar de un sistema feudal en el negocio, a uno moderno, acorde con los tiempos actuales”, diría la semana pasada Óscar Prada, asesor de la Cooperativa Integral de Transportadores Pensilvania, una de las empresas más importantes del sector, con más de 800 asociados y alrededor de 1.200 buses. “Todo este año hemos estado trabajando para organizarnos mejor como cooperativa, que es la manera ideal de trabajar en términos y sentido democráticos, y el próximo jueves haremos la presentación de nuestras propuestas”. A partir del próximo año, las 66 empresas afiliadoras que hasta el momento recibían de la Secretaría de Movilidad una ruta y, a su vez, se la arrendaban al propietario, sin poseer ellas ni parque automotor ni responsabilidades contractuales, se reducirán a ocho, una por cuenca. Ante las nuevas perspectivas, en el gremio existe la certeza de que algunos de los antiguos transportadores se convertirán en sociedades anónimas, y que si no se prevé una estricta vigilancia, esa conversión puede terminar convirtiéndose en un mercado persa. Hasta hoy los afiliadores, centro del conflicto, han sido tigres de papel con un poder supuesto basado en invisibles, pero lo suficientemente fuerte como para promover paros en la ciudad, como el que tuvo en jaque a Lucho Garzón al comienzo de su período, o incluso, como aquel histórico que tumbó a Jorge Eliécer Gaitán de la alcaldía, en los ya lejanos años 30.

Según Patricia González, “la idea es pasar de empresas afiliadoras, como las que han manejado los buses tradicionalmente, a empresas operadoras como Transmilenio, que tiene y responde por la flota, que posee un control total sobre esos vehículos para su mantenimiento y, por ende, para garantizar la calidad del servicio”. Dentro de esa calidad del servicio se incluirán una tarifa única para los clientes y un sistema de recaudo electrónico. “Es probable que el precio del pasaje, por todo concepto, suba un poco, tal vez hasta 1.800 pesos, pero el ahorro total de quien debe subirse a dos o más buses será trascendente”. Para Jaime Eduardo Mora, antiguo conductor de bus y actual gerente de una de las cooperativas que entrarán en el juego de la democratización en las calles bogotanas, el ciudadano será el gran beneficiado, “pues para comenzar, se acabará la guerra del centavo”.

En el próximo artículo brindaremos algunas pautas que deben empezar para asumir estos retos.


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