El fin del Congreso

Hace dos años escribí lo siguiente: “Ya sólo falta la Pinchi Pinchi y el respectivo video en alguna salita de muebles mullidos, con el nuevo héroe de la gobernabilidad, Carlos Torres Caro, recibiendo la suya para que el país no se desestabilice. Porque ya tenemos a Del Castillo en el papel de Marcenaro y a Cabanillas en el de una Martha Chávez envejecida, saludando el gesto democrático de pasarse al bando del ganador aún antes de juramentar el cargo” (El Video de Torres Caro, 13.06.06)

Por Diario La Primera | 27 jul 2008 |    

Ahora sabemos que la Pinchi de esta época es Gustavo Espinoza Soto y el Montesinos de pacotilla que se ha encontrado Alan García, viene a estar representado por Velásquez Quesquén. Pero más allá de analogías personales, lo que interesa es evidenciar de qué manera la ideología del mercado, en el sentido de la búsqueda del mayor beneficio personal, ha invadido la política.

* aquí es el bienestar de nosotros primero. Antes de pensar en el bienestar del país tiene que estar el bienestar tuyo.

Es lo que dice Torres Caro en un diálogo con Espinoza, cara a cara con Velásquez, cuya participación en el intercambio ha sido cuidadosamente editada para evitar interferir en el proceso de la elección para la mesa directiva del Congreso. La política, sin política ni ideología, es la que engendra representantes que negocian por ubicaciones y dinero, y oficialismos que no tienen escrúpulos de pagar.

Torres Caro y Espinoza Soto son desechos de la política criolla post-fujimorista. Y si no estuvieran en el Congreso no significarían nada. Pero tampoco lo haría Velásquez, salvo por su habilidad para los negocios sucios, de lo que se cuenta bastante en Chiclayo. Pero estos personajes deleznables integran un poder del Estado y negocian sus votos, que era lo que estaban haciendo en la casa del aprista cuando Espinoza grabó a su antiguo aliado.

La descomposición del sistema político tiene su vitrina en el Congreso. Eso se vio en el 2000, cuando varios congresistas electos en la lista de Toledo pactaban con el fujimorismo, mientras su líder estaba impulsando, con todos sus enredos y contradicciones, la marcha de los Cuatro Suyos para impedir la consumación del fraude. Hoy volvemos a lo mismo. El APRA que ha avasallado el Legislativo con el alud de decretos legislativos se desespera por la mesa, no porque quiera sacar de ella algo. Sino para terminar de liquidar esta institución que no le sirve. Nadie mejor que Velásquez Quesquén para ello.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista