El fallo bananero

¿Cuál es la defensa no bananera del Estado peruano que el presidente del Tribunal Constitucional (TC) esperaba que se hiciera en Costa Rica?, ¿la de Vitery, es decir, la del fallo de Villa Stein que el aludido afirma que es “soberano”?

Por Diario La Primera | 28 set 2012 |    

Vamos, si todo este lío viene porque el expresidente de la Corte Suprema dictó en su actual condición de presidente de la Sala Penal Permanente una sentencia que violaba la posición ya asumida por el Estado peruano para el caso Barrios Altos y otros frente a la Corte Interamericana.

O sea, no es que haya dos posiciones, una externa y otra interna, en relación a este asunto de derechos humanos, sino una posición oficial ya tomada en conjunto por la Corte y el Estado del Perú hace bastantes años para perseguir severamente y sancionar los crímenes de lesa humanidad que cometen agentes estatales como el Grupo Colina y la protección que reciben de algunas autoridades, que don Javier Villa Stein decidió desconocer.

Todavía en la televisión se pasa un resumen de una entrevista al polémico juez supremo en la que el tipo dice que para ellos (su sala) no hay autoría mediata, lesa humanidad ni organización ilícita para delinquir.

Casi como decir que el Estado soy yo, contraviniendo el de paso la sentencia ya en firme del proceso a Fujimori, que justamente trataba de autoría mediata, lesa humanidad y asociación de voluntades para cometer delitos contra los derechos humanos.

La intención clara de Villa Stein era darle fuerza jurídica y política a los que quisieran reabrir por algún resquicio el tema Fujimori y discutir si el Grupo Colina pudo actuar por su cuenta o sin que el presidente cayera en la cuenta de que existía.

Por supuesto que el tremendo juez sabía en qué se estaba metiendo. De ahí la vehemencia con la que ha expresado sus posiciones, mientras la mayoría de su sala se replegaba y aseguraba tener desacuerdos de fondo sin llegar a explicar claramente porqué el voto final refleja el punto de vista de solo dos de los vocales, por cierto de los más cancheros.

Y ahora se mete el TC a través de su presidente para hacernos creer que el deber del Estado es sostener lo insostenible. Si el Perú ha perdido tantos casos en la Justicia Internacional es porque el fujimorismo introdujo procedimientos bárbaros en el sistema judicial (tribunales militares, jueces sin rostro, testigos anónimos, reducción del derecho a la defensa, penas excesivas, etc.), a la vez que negó protección a las víctimas de actos de terror estatal, así como maltrató a sindicalistas, trabajadores y personas que no gozaban de la simpatía gubernamental.

Siendo así, lo coherente con el sentido de la democratización de fines de los 90 y principios de los 2000, era aceptar que se había cometido legicidios continuados y que el Estado debía recuperar la normalidad y cumplir sus compromisos internacionales y nacionales con los derechos humanos.

Hoy eso se califica como expresión de alguna debilidad, como si el papel de los gobiernos de Paniagua y Toledo debería haber sido defender los actuados del régimen dictatorial que se acababa de derrumbar.

Toda la argumentación de Rafael Rey para intentar que el país se salga de la Corte, apunta, con el disfraz de la soberanía, a la restauración del aparato de represión del gobierno al que apoyó de muchas formas.

Lo que ocurre más bien en el Perú es que la limpieza del viejo régimen nunca llegó al fondo y dejó mil cabos sueltos. Uno de ellos es Villa Stein, a quien, no se sabe si por despiste o por complicidad, le hace el juego el Dr. Álvarez del TC.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista