El evangelio de Gastón

Acabo de oír al respetable sacerdote Gastón Garatea defender con tal ardor a la Contralora en trance de no serlo que ahora sí entiendo perfectamente por qué las iglesias evangélicas crecen en la medida en que el catolicismo ciprianudo y hoy desciende meteóricamente en el rating celestial.

| 25 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 737 Lecturas
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Escucho lo que dice Garatea en la radio del coche, viniendo de Chaclacayo -donde me he dado un baño de naturaleza que incluye el paso de águilas y el don colorado de los petirojos- y creo estar escuchando a un ateo que se burla del octavo mandamiento de la iglesia romana, ese que exige no levantar falso testimonio ni mentir.

O sea, de la naturaleza mosquitera a la naturaleza desfalleciente de un señor sacerdote que parece defender la mentira, que aboga abiertamente por la mentirosa y que dice que la señorita Suárez ha sido víctima “de una exageración, de un abuso”.

Y todo porque el sacerdote Garatea fue miembro del club de tres -la “Comisión Webb”- que calificó a quienes aspiraban al máximo cargo de la Contraloría. Y como está implicado en la vaina, pues entonces dice que “lo importante es que la señorita Suárez es contadora”. Y cuando le preguntan qué opina sobre la luctuosa impostura de la señorita Suárez -esa de hacerse la ingeniera en documentos oficiales- dice que eso es irrelevante, que él no se fijó en ese título secundario a la hora de evaluarla, que la doña, en suma, “está más que apta para el cargo” y que los que “hacen escándalo” sobre todo este asunto demuestran “qué fácil es en el Perú calumniar a la gente respetable”.

¿Y con curas así de liberales en el arte de perdonar la ñanga y la bambería espera el Vaticano que los templos se llenen de fervor?

Esta apología de la viveza criolla, ¿no implica acaso una suerte de alanismo eclesial? ¿No importa falsear una membresía y echarle levadura chueca a una hoja de vida para levantarla y aparecer bititulada? ¿Y el valor de la verdad? ¿Y la ética de la cosa pública? ¿Y las virtudes teologales? ¿Y San Marcelo? ¿Y el obispo de Hipona? ¿Y el Sacro Imperio?

¿Dónde compró la señorita Suárez la indulgencia que despilfarra el sacerdote Garatea?

El propio Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por Juan Pablo II, dice en la página 418, acápite 1857:

“Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento”.

¿Y qué es materia grave?

El mismo documento aclara: “La materia grave es precisada por los Diez Mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico...”

De tal modo que mentir “con pleno conocimiento y deliberado consentimiento” -y encima para beneficio particularísimo en la búsqueda de un puesto público- es un pecado mortal. Y quien aplaude, desde la iglesia romana, un pecado mortal, ¿a qué secta hereje pertenecerá? De modo que ahora tenemos, más allá de los maniqueos extinguidos y de los simonitas rebatidos y de los albigenses flambeados vivos, a los gatareistas insurrectos (que el Opus Dei sabrá disciplinar, estoy seguro).

Monseñor Norberto Strotmann, una de las más altas autoridades del CELAM, dice en el libro “La Iglesia después de Aparecida”, coescrito junto al doctor José Luis Pérez Guadalupe, que el número de católicos en Latinoamérica, aunque ampliamente mayoritario todavía, ha decrecido 5% entre 1974 y el 2004. Y añade:

“América Latina es el continente con el mayor déficit sacerdotal dentro de la Iglesia: 43% de Católicos... disponen del 16% de sus Sacerdotes”.

Bueno, el canónigo Garatea podría darnos una explicación. Aunque a mí me parece que lo que le espera es la excomunión.

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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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