El espinarazo

“Ya tienen sus muertos…”, tituló el diario que quiso ponerle veinte de nota a Cabanillas cuando creyó que ella defendería la orden de desalojar la “Curva del Diablo” en Bagua, donde hubo otra mortandad para imponer el orden de las transnacionales a las comunidades originarias y que luego retrocedió en desorden ante el desastre aprista de la selva.

| 30 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas
2022

Ahora culpa a los “antimineros” de querer morir para fregar al ex-antiminero presidente Humala, pero hemos visto en los videos sobre los sucesos del lunes, que por lo menos una de las muertes fue causada por un francotirador de la policía que dispara a distancia a quien no lo estaba atacando, lo que indica que ha habido otros que querían por algún motivo tener sus propios muertos.

Que había exaltación y exceso en la protesta, parece que es cierto, como que el propio alcalde y los parlamentarios que protestan por las muertes, lo admiten. O sea, que los comuneros habían interpretado que el “diálogo” que le estaba ofreciendo el gobierno con viceministros y el jefe de conflictos de la PCM, era una farsa que no llevaba a ninguna parte, y que la Empresa y las autoridades de Lima tenían un doble discurso cuando les pedían integrarse a una mesa de trabajo mientras descalificaban sus demandas y los tachaban por “violentistas”.

Por eso la lucha no estaba encaminada a ninguna solución. Pero alguien decidió que para romper el “empate” se requería mostrar la mano más dura, esa que hace salir a varias personas con los pies para adelante.

Pero no era verdad que hubiera algo más que piedras recogidas en el camino y desborde de masas, frente a policías con escudos, cascos y armamento de disuasión (bombas, palos y balas de goma).

Las bombas molotov que oportunamente “encontró” la policía antes de detener a los principales dirigentes no han formado parte del conflicto y podría tratarse de un montaje para agravar las denuncias contra los detenidos.

En todo caso nadie ha visto un policía en riesgo tal que estuviese obligado a sacar armas de fuego. Simplemente se trató de un cambio de orden respecto a las jornadas previas con las trágicas consecuencias que ya sabemos.

La hipótesis que expresé ayer de que los tiros de Espinar, también hayan sido contra Humala y su ambivalencia en el tratamiento de estos incidentes –lo que supone actores dentro del gobierno dispuestos a ayudar a escalar el enfrentamiento y a crear un clima de “guerra santa” contra el “violentismo” (un término tan preciso e ilustrativo como el de “narcoterrorismo” que sirven perfectamente para desorientarse frente al oponente)-, ha dado lugar a observaciones amigas que me dicen que Ollanta ya no tiene remedio y que está claramente en el campo de los que sirven a las grandes empresas y reprimen al pueblo. Más o menos Fujimori II o Alan García III.

Admito que el presidente está cediendo cada vez más a los que lo presionan desde la derecha, en nombre de no ceder a sus viejos partidarios y electores, que jalan desde la izquierda, y que él es el responsable de que Valdés, Castilla, Merino, Calle y otros dirijan el gobierno. Pero insisto que la situación todavía puede ser peor, lo que también significa que el impulso de la victoria electoral de hace un año aún no se ha agotado.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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