El Escorpión en la procesión

He llegado aquí, entusiasta, con la idea de limpiarme de mis pecados, de buscar esa tranquilidad que todos buscamos. Busco que el Señor me escuche. Pero aquí, con tanta gente buscando lo mismo, creo que he elegido mal el momento. Pero estoy cerca del Señor, que viaja bamboleante como un bote sobre un mar humano. Las campanitas lo detienen, el humo del incienso quiere alcanzar el cielo, las señoras lloran y yo lo miro, pero el Señor parece que está en otras cosas. Una señora vestida de morado dice que hace 20 años le pide al Señor que la cure de su mal y a mí se me detiene el corazón, por la falta de corazón del Señor que no quiere concederle el milagro hace tantos años. Pero me tranquilizo y digo que Él sabe lo que hace. “En realidad sí sabe lo que hace, sabe todo lo que hacemos, lo que pensamos hacer, lo que decimos, joven malcriado”, me dice una señora con su ojos de odio. “He venido a limpiarme de mis pecados, señora”. “Tendrás que acompañar al Señor de rodillas”. “Los escorpiones no tienen rodillas, señora”. “¿Cómo dice?”. “Nada”.

| 20 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 540 Lecturas
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La tarde cubre con un manto de aire fresco a los fieles y el Señor avanza con todo el tiempo del mundo por una callecita en la que no puede verse el cemento y que tiene sabor a anticuchos. Hay música y canto de miles de voces y algo pasa por ahí porque el grito del niño asusta incluso al Señor. A lo lejos, se escucha el claxon en son de queja. Desde la ventana de una casa caen pétalos de rosas y una lluvia de pica pica. Las cadenas de papeles blancos y morados hacen de techos extraños. He caminado como diez cuadras en casi dos horas y no siento aún que estoy libre de pecado. “Ya te dije que tiene que seguir al Señor de rodillas”. “Ya le dije que no puedo, señora”. Quiero irme ya a casa, porque siento que la señora tiene razón en que no es fácil liberarse de los pecados. Rezo un Padrenuestro, otro más, por si las moscas, y salgo de la multitud como una abeja del panal y digo mientras camino: “Hasta pronto, Señor, gracias por escucharme, agradezco la tranquilidad que me ofreces”.


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El Escorpión

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