El doctor García en coma

La doctora Mercedes Cabanillas dice que el doctor García es tratado injustamente en las encuestas.

| 21 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 596 Lecturas
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Como se sabe, el doctor García está en coma demoscópico. Su aprobación desciende a la suma de 26 por ciento a nivel nacional y el repudio estadístico que le respira en la nuca desde hace meses se ha elevado a la cifra del 70 por ciento.

¿Son injustas las masas con el doctor García, como dice compañeramente una Mercedes Cabanillas en plan de Florence Nightingale con cofia y todo?

No son injustas. Lo que pasa es que las masas recuerdan.

Recuerdan, por ejemplo, que el doctor García mintió como un vericida, como un maníaco, como un vendedor de resurrecciones y manos santas, para llegar a la presidencia de esta casa de cartón que es la república. Y como alguna vez escribió Corneille: “Nadie promete más que un mentiroso”.

O sea que el doctor García dijo A pero hizo Z, y prometió H pero se decidió por B, y juró que jamás firmaría R pero de rodillas suscribió R+R, y sostuvo, por último, que se mantendría en Ñ (la ñ de campaña, la ñ de mañoso) pero apareció al lado de Julio Favre, por la mañana, en el camastro con cochinillas de Vega Llona en plena siesta, y bañado en aceite de palma en la ducha de Dionisio Romero. Es decir, que García llegó a su segundo debut disfrazado de Billinghurst y, una vez en palacio, se quitó el vestuario hechizo, se lo entregó a Nava para que lo planchara y lo guardara para la próxima farsa, y se vistió de Manuel Apolinario Odría, el que persiguió con el revólver de Esparza a su papi (al papi de Alan) y mandó matar al Negreiros de veras (el actual es un stencil borroso). Muy tierno todo.

Yo sostengo, modestamente, que siendo Odría, hablando como Odría hubiese hablado, haciendo lo que Odría hubiese hecho, García está terminando de matar al padre. Que Saúl Peña me dé una mano en esto y ya verán cómo es que todo se aclara. De lo que no dudo es de que en la cabeza privilegiada del doctor García hay mares de sargazo, cisnes de Alicia Alonso, instalaciones de las que brotan chispas, luces de un gran talento y noches de adrenalina que dejarían muda a Carmen Ollé.

Y esa deflagraciones del lóbulo frontal han empezado a sentirse. Eso de las patadas y aquello de los imbéciles no es nada si lo comparamos, por ejemplo, con el asunto de los profesores. Cuando García empujó a Chang a descalificar a todo el magisterio, ¿tenía opciones de recambio? No tenía nada. Y por eso es que muchísimos pobres han sentido que García se burla de ellos: lanza diatribas en contra de los maestros pero deja a los niños de las clases C, D y E en sus manos. Y cuando García da la orden de despotricar del Cusco insultando a sus autoridades, ¿no sabía que gente serena e ilustrada como Lumbreras opinaba que los cuzqueños tenían razón al no permitir la privatización de su historia a la luz de lo que ha pasado con sus trenes turísticos? Y cuando García sostiene hasta el empecinamiento al señor Alva Castro, ¿puede no saber que Alva Castro es, políticamente hablando, un cadáver que apesta y contamina? ¿Y a quién se le ocurre repartir alimentos a las tres y media de la mañana? Y podríamos seguir.

García está, en parte, pagando su traición. Pero en un país casi fundado en las mentiras tendremos que admitir que traicionar –que es la mentira elevada a la N potencia- no parece ser un pecado mortal. El problema adicional de García es que está haciendo mal lo que podría hacer bien y está llevando al país a un clima de confrontación peligroso. O sea que no le ha bastado mudarse a la derecha con todo descaro y dejando el alquiler impago. Encima gestiona con gran incompetencia la hora de las vacas gordas y acentúa las desigualdades con su política de cantar las cifras azules del PIB mientras en el sur la inflación limeña del cinco por ciento llega al diez en algunos productos.

García está convencido de que algún director de periódico, que terminará debajo de una cama cuando la violencia regrese, es el non plus ultra de la inteligencia. Y cree que Dionisio Romero quiere el bienestar del país. Y está convencido de que Vega Llona tiene un corazón musculado cuando lo único que le queda es un muñón imprecisable bañado en sangre venosa. Y conversa con esa gente y con sus ministros de cerviz no levantada y cree que todo anda muy bien y que los pobres siguen siendo el montón de extras de esta película mil veces vista.

Entonces llega una encuesta y el doctor García pregunta qué está pasando. Pero no se lo pregunta a la gente que defraudó con su macromentira electoral. Se lo pregunta a Roque Benavides. Y quizás al presidente de Capeco, al jefazo de Adex, al capitán de la Confiep, al Montesinos de turno en el ejército, a Hugo Otero que se sabe las cuecas de memoria, al capo de la vaina. Y todos quizás le digan que así es el pueblo de ingrato, que no hay que hacerle caso a las encuestas, que el modelo no es transable y que estamos en el camino de Corea del Sur.

-Pero en las primeras fases del modelo coreano el Estado tuvo un gran papel –alcanza a susurrar el saldo cerebral del doctor García modelo 2006.

-No hagamos comparaciones que no vienen al caso. La guerra fría demandaba que Corea del Sur creciera en plazos brevísimos –le responderán.

Y el doctor García volverá, tranquilizado, a lo suyo. Lo suyo hoy es cómo hacer para que capitales chilenos, asociados con Dionisio Romero, se hagan con todos los puertos en subasta. Y cómo cobrarle a los mineros boyantes sólo lo que los contratos de Fujimori –ese extranjero- establecieron. Y cómo sacar a Kouri del apuro en que está. Me pregunto si su santa esposa lo reconocerá o le exigirá el DNI. Me pregunto si el espejo le devolverá alguna imagen.

Hay una manera de lograr que el doctor García crezca en las encuestas: una macondiana epidemia de olvido, una amnesia en polvo propagada por Sedapal, una variedad gaseosa y policíaca del Alzheimer.

Quizás a Alva Castro se le ocurra algo.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista