El discurso del Presidente

Alguien me dijo el domingo que la noticia era que el Presidente había hablado y no lo que había dicho. Entonces me pregunté por las razones de un larguísimo silencio que ha durado casi todo el período del premierato Valdés, al punto de que la entrevista por sí sola sea un acontecimiento. ¿Por qué es así?

| 28 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Hay varias hipótesis: (a) el público al que ahora se dirige Ollanta no es su auditorio original, constituido por los pueblos del interior del país, la gente pobre, con expectativas de ayuda estatal. Ahora debe hablar a las clases medias y altas con las que nunca tuvo comunicación íntima, bajo el fuego de la prensa de derecha que lo ha caricaturizado ene veces. No sorprende que esto alimente un miedo escénico y una sensación de estar dirigiéndose a quienes no lo van a entender y lo obligue a asegurarse que el entrevistador esté dispuesto a conversar hasta donde irá con sus preguntas, para no terminar en una situación como la que se produjo en un viaje a Estados Unidos.

(b) La política decidida en la campaña electoral y mantenida hasta hoy, de no chocar con los medios de comunicación, aun cuando reciba fuego graneado de ellos, ha hecho que muchas veces el Presidente quiera dar explicaciones firmes y claras sobre lo que hace, y que se inventen argumentos retorcidos como los que aparecen en el caso Antauro o en el enredo de la fragata, que son muy difíciles de creer y acicatean las críticas de sus enemigos. Por lo mismo, se puede entender que el Presidente no quiera cerrar estos temas en una declaración al paso como hacía Alan García, y que cuando tiene que hablar de ellos prefiera las seguridades de una entrevista con algún grado de arreglo.

(c) Finalmente hay un problema de credibilidad. El Presidente sabe que se ha desplazado desde sus posiciones originales a una que él estima refleja el lugar en el que puede por ahora durar en el poder y hacer pequeños avances. Muchos le han escuchado decir que hay que esperar un momento diferente para los grandes cambios. Pero la cuestión es cómo explica eso ante una cámara de televisión y un medio donde tiene múltiples adversarios. La crisis de credibilidad es tan grande, además, que nadie sabe si el discurso de que el verdadero cambio es para más adelante, es una confesión de que está engañando a la derecha con la que ahora está aliado, o a la izquierda que todavía cree en él. Y es evidente que a Ollanta le interesa que esta incertidumbre quede sin resolverse por el momento.

Todo indica que, en la lógica del actual estilo de gobierno, la entrevista del domingo pretende ser un parte aguas, para entrar a otra etapa de silencio presidencial. Algo así como ya está dicho todo. Y ahora a esperar el Lote 88, los peritos de Conga, más programas sociales y que el Inpe se ocupe de Antauro.

Pero nadie contaba con que dos días después la ira se trasladara a Sechura donde estaba pendiente un reclamo contra la petrolera que instala plataformas en el mar dañando la pesca. Es decir que a pocas horas de haber prometido diálogo otra vez los conflictos se resuelven a balazos, y producen otros dos muertos.

Entonces uno empieza a pensar si estamos hablando sobre silencio o sobre control real del Presidente sobre los sectores sensibles del Estado. Y si alguien quiere que esto termine mal.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista