El discurso antichileno de García

La crisis de los espías tiene dos etapas. La primera, cuando en Lima se anuncia la existencia de un suboficial de la FAP que vendía información militar a Chile desde por lo menos 2004, noticia que aparece mientras el presidente se encontraba en el exterior en una reunión de la APEC -foro en el que, en Lima, un año antes, había dicho que era el organismo que nos salvará de la crisis- y en la que se había programado un encuentro privado con la presidenta Bachelet.

| 22 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 779 Lecturas
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Como no podía ser de otra manera, la asistencia peruana a la APEC se deslució completamente y la cita de presidente y presidenta se frustró con el regreso apurado de García a Lima para enfrentar la crisis.

La segunda etapa comienza con el discurso de Alan García el día lunes. Ese día el presidente tenía el mismo rostro que después de los petroaudios. Y, como aquella vez, no se preguntó quién era el que le había movido la silla (sólo días después lanzaría su jauría a perseguir a los chuponeadores), sino que se presentó como uno más de los ofendidos y fugó para adelante con el nuevo gabinete de Yehude Simon. Ahora ha sido igual. Parecía que el destape del caso que se investigaba desde el 2007, que se convirtió en prioridad militar en mayo del 2009 y derivó en la detención de Ariza en octubre de este año, había sido totalmente coherente con su campaña de “desarme” regional, su presencia en Singapur y su retorno apresurado y en silencio, mientras aquí sus operadores se movían en la más tremenda confusión política.

El García del lunes ha hecho creer a buena parte de la prensa y casi toda la oposición que todo está bajo control. Los jefes apristas que el viernes, después del escándalo, no ataban ni desataban, el lunes daban explicaciones de las habilidades del contraespionaje peruano que sembró señuelos al bandido para desenmascararlo. Pero poco a poco, las informaciones han ido construyendo un cuadro más complicado. Ariza era sospechoso hacía años, pero fue ascendido y le entregaron acceso a documentación clasificada a partir del 2009. Más aún, una parte de la red ha fugado al extranjero y nadie entiende cómo un personaje de baja graduación llegaba a obtener datos que sólo manejan los principales jefes. En última instancia la pregunta es si se cree que con la caída de este grupo de subalternos vendidos al extranjero, los riesgos de espionaje cesan.

El dato crítico es que el discurso de García no dice que detrás del “espionaje repulsivo”, hay geopolítica pura, intereses coordinados con la escalada armamentista denunciada días antes. Y esto tiene que ver con los intereses chilenos fuera de sus fronteras. Todo país que se expande, compromete sus dineros y logra tomar posiciones en sectores económicos, recursos naturales e infraestructura básica, de otra nación, se plantea normalmente defender este esquema con información del otro y con armas propias. Es lo que hace Estados Unidos que no envidia a nadie, ni tiene pinta de republiqueta. García ha velado adrede el factor geopolítico y militar del espionaje, y lo ha banalizado al extremo. No es un error, sino una actitud consciente. El error sería que los demás perdamos la capacidad crítica frente al gobierno.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista