El dentista Jebe

En los laberintos de la súper achorada Lima, vive el dentista Jebe Vichalón.

Por Diario La Primera | 14 jul 2010 |    

Puede parecer cara de topo, pero es marsupial menor. Va todos los días a su consultorio en Risso, con su diente en la mente pues es dentista demente, pícate este verso fakin indecente. En su mesa puede considerarse un pedazo de pavo entre las prótesis de su último lenguado, limitado, callado, prefiere el cau cau que la sangrecita, pero más ansiar la mujer del prójimo con malicia y envidia, y por eso fue maldecido por un cielo auspiciado por una marca de condones a la hora del bautismo, vieron sus padres la luz en él reflejado, otrora: “Jebe, es su nombre”, y fueron felices años de raspadilla de charco. Cuando se desatora de su brutalidad artesanal de coronas y agujas, el dentista Jebe Vichalón existe en el Twitter cual frustración purita a toda hora, oh, poor, Jebe, se levanta de día con la basura de Magdalena, y se acuesta con la alegría de la caracha, saliva la guadaña, malapalafaiter es la firma de la santa. Pero no hay que ser tan lapidario, ardilla ciega es un buen hombre cuando el eclipse viene bien, y se vuelve una recepcionista empalada cuando telefonea al salsero. Va el dentista Jebe con su pinta de castor, cara redonda, pequeño y vizcacha remolón, tanta maña, sólo para las caries de sus ostras amargas de la botella guanábana, se afeitara con malas palabras pues taja y no olvida, ya quisiera la gran mujer, la pica que te da, y apenas llega a las redes sociales donde sólo hace amigos de cerebro flacidez, y con sarna, se rasca las pulgas de la llanta. En los laberintos de la histérica Lima, vive el dentista Jebe Vichalón, inodoro, mal aliento, cuando canta la bicolor.


    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

    Malas palabras

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