El Congreso como gallinero

Martha Moyano sería una ama de casa levemente alfabeta, de morado en octubre, de orchata por dentro, de gris toda la vida, sino fuera porque su hermana –la Moyano que monopolizó la decencia de la familia, la María Elena que peleaba por las causas populares- fue asesinada por Sendero Luminoso.

Por Diario La Primera | 20 ago 2008 |    

Ese crimen horrendo sacó a esta otra Martha impresentable de la nada donde contaba con los dedos y murmuraba despacito la lectura de algunos diarios chicha formateados por el gordo Bressani.

Mucho debió envidiar esta Moyano viva a la Moyano heroína y muerta y dinamitada para terminar militando en el otro Sendero, es decir en el fujimorismo. Porque el fujimorismo quería para el Perú lo mismo que las hordas de Guzmán: un país donde la ley no existiese y donde la Constitución fuese un olvido crónico, el derecho una incomodidad, la justicia un blanco a disparar, el respeto por las instituciones una maldición, la conciencia un suvenir, la lealtad un estropajo y las palabras un desfile de putas pirandellianamente en busca de su autor.

O sea que a su hermana inalcanzable le debe esta embajadora procaz del fujimorismo su presencia pública. Y ahora, gracias al Apra con várices que Mauricio Mulder tiene que defender a duras penas, la señorita Moyano está a la cabeza de la subcomisión de Acusaciones Constitucionales, la única del Congreso que puede someter a disciplina a jueces y vocales supremos.

La maniobra es clara. Los fujimoristas suponen que con esto pueden intimidar a los magistrados que están juzgando a su líder, el que sigue reclutando el voto de aquellos que desacreditan la democracia como sistema de valores; el “líder” que, encarnado en su hija –la que estudió en Boston con dinero robado al tesoro público-, podría recuperar el poder en este país nuestro que quizá nunca mereció la independencia.

La fuerza política que usó la Constitución como papel de baño se ha hecho con la presidencia de una instancia delicadísima en la relación constitucional entre poderes. Y la señora Moyano, que no sólo no es abogada ni jurista ni constitucionalista sino que demuestra con cada palabra venir de la nada y dirigirse a ella con entusiasmo circular, presidirá esa comisión que el Apra acaba de regalarle.

Fue “Teníanos” quien presentó la candidatura de la señora Moyano. No es de extrañar. Si la política peruana no hubiese descendido a los abismos en donde hocicará (si no la cambiamos), el señor “Teníanos” sería el abogado comarcal y mañoso que debió soñar ser cuando usaba pantalones cortos y algún mártir del profesorado le trataba de meter en la cabeza los secretos del pretérito pluscuamperfecto. Y la señora Moyano, como se ha dicho, honraría el croché y lloraría de emoción viendo a Gisela y reiría viendo a Tongo en lo de Bayly.

Pero como a veces no somos un país sino una derrota, un intermedio más que una función, entonces extras del Canal 7 como “Teníanos” y la Moyano estelarizan y titilan en las candilejas.

“Teníanos”, claro, carece de la glándula de la autonomía y sólo puede cumplir órdenes. Y esas órdenes sólo pueden venir de la jefatura del partido, instalada por ahora en el palacio gubernamental.

Y es que el doctor García necesita del fujimorismo para sus asuntos criminosos. Como Haya necesitó de Prado para matar toda esperanza de cambio y, más tarde, de Odría para hacerle la vida imposible a Belaunde, así el doctor García requiere de la banda fujimorista para sellar el expediente del Frontón y lograr que el Congreso, hoy en manos de “Teníanos”, sea ese gallinero por el que no pasan ni siquiera tratados de libre comercio como el que hemos firmado con Chile –vecino hostil donde el Congreso sí aprobó lo que se firmó con el Perú-.

Mientras la selva se enciende –y con razón-, y la sierra se enoja –con mil porqués-, esa viejita sin memoria que es hoy el Apra se junta con lo peor de las esquinas malevas para amarrar cosas, establecer canjes, abreviar las penas de los otorongos y recordarnos que el doctor García llegó a la política como un personaje y se irá de ella como un prontuario. Con “Teníanos” de vocero congresal, Martha Moyano de socia de alto vuelo, Mantilla de lavador, Valle Riestra como deja vu y los aplausos de Vega Llona desde un palco incendiado del Municipal. Ningún partido político se ha suicidado tantas veces.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista