El concebido, la mujer, el aborto y la píldora del día siguiente

Dice la Constitución que toda persona tiene derecho a la vida. Y acto seguido afirma que el concebido es “sujeto de derecho en todo cuanto le favorece”. Y en su artículo 6 reconoce el derecho de las personas a decidir y garantiza que el Estado brindará programas de educación, información y acceso a los medios (anticonceptivos) que no afecten la vida y la salud. La mujer, pues, tiene derecho a decidir cuándo, dónde y con quién tener hijos.

| 13 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
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¿Puede ser el aborto, entonces, a la luz de la Constitución, un derecho que le asiste a la mujer? Si es así, ¿en qué casos y bajo qué circunstancias? Una respuesta apurada diría que no, pues no creo que alguien crea que el aborto es un método anticonceptivo o que no afecta la vida. Sin embargo la ley permite el aborto terapéutico. Y hasta aquí no hay problema porque se trata de ponderar iguales derechos: vida y salud de la madre o vida y salud del concebido.

El problema se presenta y con enorme dificultad cuando se debe equilibrar el derecho constitucional a la vida del nonato y la libertad de la mujer a decidir si puede o no disponer del destino del hijo que lleva en sus entrañas. Vida y salud del nasciturus versus libertad de la mujer para disponer de un simple cigoto, de un simple huevo.

La relación conflictiva, mujer y concebido, viene regulada en el derecho por el llamado sistema de indicaciones. Las llamadas “indicaciones” no son más que situaciones en que a la mujer le está permitido abortar. En lo que aquí interesa se pueden mencionar las siguientes: a) el terapéutico para garantizar la vida o la salud de la madre; b) el criminológico frente a violaciones sexuales; c) el de plazos que consiste en el derecho de la mujer a abortar libremente en los primeros meses de embarazo.

La Constitución de 1979 era más generosa con la mujer que con el concebido. Esta norma decía: “toda persona tiene derecho a la vida. Al que está por nacer se le considera nacido en todo cuanto le favorece”. Una disposición así le permitía al legislador aprobar un sistema de plazos disponiendo el tiempo en que la mujer podía abortar libremente. Pero la actual Constitución es más protectora de la vida que de la libertad sexual. Porque habla del “concebido” y no del que “está por nacer”.

¿Y qué pasa con la píldora del día siguiente? Si la píldora tiene el tercer efecto, es decir, si impide que el óvulo fecundado anide en el útero, entonces lesiona la vida y es abortiva. No se trata de ser conservador, católico, luterano, progresista, hombre de izquierda o de derecha, feminista o no. Importa interpretar la Constitución a la luz de lo que dice y lo que calla, teniendo siempre como base su techo valorativo.

No obstante es el legislador quien puede tener la última palabra si modifica el Código Civil sancionando que la vida del concebido comienza con la anidación y no en el momento que el espermatozoide se une al óvulo ¿Qué congresista, hombre o mujer, se atreve a plantear tan trascendente cambio en beneficio de los derechos reproductivos de la mujer?

El legislador tiene amplio margen para actuar. Los jueces, en cambio, no deben ir más allá de los silencios de la Constitución, porque pueden terminar haciendo política y no derecho. La justicia supone respetar tanto la Constitución como la ley. Bien podría un juez expresar: “estoy a favor del derecho de la mujer a abortar libremente, pero no puedo fallar en ese sentido porque la Constitución no lo permite”.


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Carlos Mesía

Opinión

Expresidente del Tribunal Constitucional

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