El brevete y el chipotle

En un remoto país del África, la esclavitud fue abolida hace cinco años. En los Estados Unidos, durante la última década, pareciera haberse dado los pasos para reinstaurarla.

| 05 mayo 2013 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
El brevete y el chipotle 1440

Hace algunos años, en una manifestación del primero de mayo, frente al Capitolio de Oregón, corté en cuatro pedazos mi licencia de conducir, el brevete como le llamamos en el Perú. A partir de ese momento, cesé de usarla porque no quería ser dueño de un derecho que se negaba a otros.

En consonancia con la fiebre racista anti-inmigrante, el gobernador de entonces había dispuesto que la renovación de las licencias se convirtiera en un medio para detectar a los inmigrantes precarios.

Ese carné es la única prueba de identidad que se usa en este país. Sin la posibilidad de usarlo, los indocumentados no pueden legalmente casarse, ni estudiar, ni conducir automóvil, ni recibir cartas en el correo, ni ir a la iglesia, ni procrear, ni nacer, ni morir.

He pasado varios años sin la licencia. Felizmente que nadie me la pidió.

El primero de mayo de este año, eso cambió. En la manifestación por los inmigrantes y por los trabajadores del mundo, se presentó el gobernador demócrata en el estrado, pidió el micrófono y declaró que desde ese momento se reintegraba el derecho de todos a usar la licencia.

Es un excelente primer paso. No es un milagro. Ha sido ganado por los hispanos de este país con su presencia abrumadora en los comicios que dieron el triunfo por segunda vez al señor Obama.

Ahora podemos esperar una ley que solucione el problema de la inmigración. Incluso los republicanos se han tenido que tragar el sapo. Luego de que todos sus precandidatos se esmeraran en ser más perversos, ahora se han decidido a trabajar por el cambio.

Lo que unos y otros políticos están decidiendo ahora es sencillamente lo más racional y positivo para este país.

En un remoto país del África, la esclavitud fue abolida hace cinco años. En los Estados Unidos, durante la última década, pareciera haberse dado los pasos para reinstaurarla.

Ojalá fuera una metáfora. Es la pura verdad. Millones de trabajadores indocumentados están siendo tratados con la misma saña con que se perseguía hasta el siglo XIX a los negros cimarrones. Desde la época del señor Bush, el asedio ha sido cada vez más expeditivo y cruel.

Entre las medidas puestas en práctica desde entonces, las empresas tienen que despedir a los trabajadores con documentos falsos o enfrentarán severas multas e incluso cargos criminales.

Para información del lector, hasta hoy es posible que un ilegal use su número falso del Seguro Social. Esta entidad se limita a cobrarle impuestos a cambio de los cuales el trabajador no recibe ningún beneficio.

En virtud de las leyes anti-inmigrantes, el seguro debe cruzar información con los departamentos de Inmigración y de Seguridad, de donde parten las órdenes de multas, apertura de procesos criminales, cárcel y deportación.

Si se tiene en cuenta que más del 70 por ciento de los trabajadores del campo son latinos sin documentos, a este acto puramente irracional, destinado a contentar a los racistas, se va a añadir en el futuro una catástrofe en la producción de alimentos.

Ahora, las cosas comienzan a cambiar. Además de usar otra vez mi licencia, olvidaré mi vegetarianismo por una hora.

El gringuísimo “McDonald” está ofreciendo un “Pollo envuelto en tacos y burritos con chipotle”. El chipotle es un ajiseco mexicano delicioso del cual Fray Bernardino de Sahagún dijo en 1524 que era “un sabor del paraíso”. Quiere decir esto que, a pesar de las murallas, la suculenta cultura de los latinos se impone y hace que los perseguidores se chupen los dedos. Iré a celebrarlo.

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Eduardo González Viaña

Crónica

Colaborador