El autismo en la educación

La Evaluación Censal de Estudiantes, realizada a fines del año pasado con escolares de segundo grado, revela un estancamiento en cuanto a logros de aprendizaje en los dos últimos años. Tratándose de alumnos cuya formación escolar está en sus inicios, una pregunta inevitable es si la capacitación de los docentes en ejercicio ha sido adecuada, ya que de haberlo sido esos niños deberían ser los que empezaran a dar muestras de ello. Parece, pues, que en cuanto a resultados esas capacitaciones ya tocaron su techo, muy bajo por cierto.

| 10 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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No está de más recordar que el tipo de capacitación provisto a los docentes de la Educación Básica en las dos últimas décadas (cuyos mentores mantienen su influencia en el Ministerio de Educación), ha sido motivo de serias objeciones, al igual que las evaluaciones realizadas a esos docentes. Cabe notar, igualmente, que tanto la capacitación como la evaluación mencionadas han seguido los patrones de la formación docente impartida en las facultades de educación de las universidades. Pero ocurre que si hay algún área por donde habría que empezar una reforma de la universidad, esa es, sin duda, el de las facultades de educación, sumidas desde hace tiempo en una crisis de credibilidad en cuanto a calidad académica, agravada con la masiva mercantilización de sus grados y títulos. De los institutos pedagógicos, ni hablar.

¿Y a quiénes se encargó la capacitación docente? Precisamente a algunas de esas facultades de educación. ¿Y, con qué orientación académica? Pues con aquella con que se deformó a los docentes egresados de ellas.

En la educación secundaria la situación es surrealista: ¿Enseñan biología, matemáticas, física o ciencias sociales profesionales que se formaron en esas especialidades? Pues, no. Más aún: éstos se hallan prácticamente impedidos de enseñar en ese nivel educativo (excepto en ciertos colegios privados emergentes que muestran alumnos ganadores de concursos internacionales, tal vez porque dan preferencia a esos especialistas). ¿Quiénes suelen enseñar, entonces, esas materias a nuestros escolares? Pues los egresados de las facultades de educación e institutos pedagógicos, lugares donde se estudia, hasta la saturación, pedagogía, pero, en rigor, no biología, matemáticas, física o ciencias sociales.

Basta informarse de cómo se accede a la docencia en los países de mayores logros educativos (como Finlandia, Japón o Francia), para saber que allí un docente de la secundaria tuvo que estudiar la ciencia que enseña, no en una facultad de educación (pues allí se estudia pedagogía), sino en la que cultiva la disciplina respectiva, recibiendo luego una complementación pedagógica.

¿Y por qué no se hace eso entre nosotros? Pues porque supondría efectuar cambios en el ámbito universitario y, por ahora, en las esferas gubernamentales la universidad (sobre todo la pública) no tiene quién la defienda ni promueva su desarrollo. Se prefiere mirar solo la Educación Básica, como si fuera un ámbito autocontenido y autosuficiente. Como se sabe, una mirada así es autista.

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Zenón Depaz Toledo

Opinión

Columnista