El asesor

Cuando tuvimos en las manos el resultado de la primera encuesta de Imasen para las elecciones de 2011, quienes entonces éramos parte de los círculos cercanos a la campaña de Ollanta Humala sufrimos una fuerte decepción. El dato indicaba, al 30 de enero, que el candidato nacionalista estaba en 12.1%, que era más o menos la cifra de las otras encuestas, lo que confirmaba su estancamiento.

| 23 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.2k Lecturas
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Toledo había subido doce puntos respecto desde fines de 2010 y Ollanta estaba en el mismo sitio. Entonces oí voces que reclamaban por el candidato espontáneo y combativo de 2006, frente al empaquetado de 2011, y que subrayaban que la suma de un 30% de encuestados que pedían cambios radicales en la economía y de casi 40% que pedían cambios parciales, daban un amplio espacio para la propuesta de la “Gran Transformación”; mientras que el resto de candidatos que planteaban mantener el modelo económico representaban una minoría de poco más de 25% que reclamaba no tocar nada, aunque estuvieran representando más del 80% de la intención de votos.

¿Dónde estaba la falla? Entonces escuchamos la opinión del asesor que estaba también en la reunión y que nos miraba como si no entendiera nuestras angustias. Y lo que dijo fue que estaba muy contento con la encuesta y que no había por qué extrañarse del resultado si esa era la verdad de los candidatos. Además, que en vez de sumar 30 más 40 en lo económico (cambio radical más cambio parcial), lo que había que hacer era sumar 25 más 40 (no cambio y cambio parcial), para ver lo aislado que estaban los radicales.

Nadie quedó satisfecho por cierto, pero el asesor no sintió que tuviera que darnos más explicaciones. Y luego, cuando el candidato despegó en marzo y logró milagrosamente repetir el triunfo de 2006 en primera vuelta (se pasó de 30 a 31%) y entró a la segunda vuelta en tono de concertación con todo el proceso que ya conocemos, se consolidó el mito del superasesor que hizo ganar al que no podía ganar y lo levantó del 10-12 en que estaba anclado hasta el 31% de primera vuelta y el 51% de la segunda.

Un mago que encontró la manera en que se debía hablar a la gente para vencer las resistencias que había en la sociedad contra el candidato al que se llamaba antisistema y que en el 2006 llegó con esa imagen hasta el 48% de la votación nacional.

En estos días de Conga, cuando el asesor recomienda llevarse bien con Roque Benavides, me he puesto a pensar sobre lo que no comprendí del todo en aquel mes de enero.

Y es que cuando se decía que el 12.1% era la realidad de Ollanta Humala, lo que en verdad nos estaban asegurando era que el candidato en que creíamos y habíamos ayudado a forjar solo daba para ese exiguo porcentaje; que se requería otro candidato que debía ser fabricado con otra tecnología, traída de fuera, y que no importaba lo que fue Locumba, la elección anterior o el Programa de la Gran Transformación.

También que la mayoría del Perú no era las de las masas populares (los radicales) aliados con los sectores medios y democráticos, porque lo popular no sirve para gobernar y la clase media se inclina por lo conservador y la estabilidad.

Así que la victoria consistía en quitarle el miedo al bloque anti-Humala y decirle que Ollanta no era el radical sino algunos que estuvieron detrás de él. Todo esto que fue un esquema de acción electoral ahora es una forma de convencer al presidente que es así como se debe gobernar.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista